Coronavirus: ¿puede la vacuna BCG detener al nuevo enemigo?

Inventada hace un siglo contra la tuberculosis, es barata y segura y parece fortalecer el sistema inmune del cuerpo.

La vacuna del Bacilo Calmette-Guerin todavía se usa extensamente en el mundo en desarrollo, donde los científicos han descubierto que hace algo más que prevenir la tuberculosis. La vacuna evita la muerte de bebés por una serie de causas y reduce la incidencia de enfermedades respiratorias.

La vacuna parece “entrenar” al sistema inmune para reconocer y reaccionar ante una variedad de infecciones, entre ellas los virus, las bacterias y los parásitos, dicen los especialistas. Hay pocas pruebas aún de que la vacuna mitigue la infección por coronavirus, pero una serie de ensayos clínicos podrían responder la pregunta en sólo meses.

El lunes, científicos de Melbourne, Australia, comenzaron a administrar la vacuna B.C.G. o un placebo a miles de médicos, enfermeras, terapistas respiratorios y otros trabajadores de atención sanitaria. Se trata del primero de varios ensayos controlados aleatorizados que probarán la eficacia de la vacuna contra el coronavirus.

“Nadie dice que esto sea una panacea”, dijo Nigel Curtis, investigador de enfermedades infecciosas de la Universidad de Melbourne y del Instituto Murdoch de Investigación Infantil, que planeó el ensayo. “Lo que queremos hacer es reducir el tiempo que un trabajador de la salud infectado esté enfermo, para que se recupere y pueda volver a trabajar más velozmente”.

Hace diez días, se inició en los Países Bajos un ensayo clínico de 1.000 trabajadores de atención sanitaria, dijo el Dr. Mihai G. Netea, especialista en enfermedades infecciosas del Centro Médico de la Universidad de Radboud en Nijmegen. Ya se han inscripto 800 trabajadores de la salud. (Como en Australia, la mitad de los participantes recibirá un placebo.) La Dra. Denise Faustman, directora de inmunobiología del Hospital General de Massachusetts, está buscando financiamiento para iniciar también un ensayo clínico de la vacuna en el personal sanitario de Boston. Los resultados preliminares podrían estar disponibles en tan sólo cuatro meses.

“Tenemos datos muy sólidos de ensayos clínicos con seres humanos –no ratones- de que esta vacuna protege de las infecciones virales y parasitarias”, dijo la Dra. Faustman. “Me gustaría empezar hoy”.

La historia de la vacuna B.C.G. es inusual. En el siglo XIX, su idea surgió de la observación de que las ordeñadoras no contraían la tuberculosis. La vacuna lleva el nombre de sus inventores, el Dr. Albert Calmette y la Dra. Camille Guerin, quienes la desarrollaron en los primeros años del siglo XX a partir del mycobacterium bovis, una forma de tuberculosis que infecta al ganado.

Los científicos cultivaron raspados bacterianos de ubres de vacas y continuaron cultivando tuberculosis bovina durante una década hasta que fue lo suficientemente débil como para ya no causar una enfermedad virulenta cuando se administraba a los animales de laboratorio.

La vacuna se usó por primera vez en humanos en 1921 y fue ampliamente adoptada después de la II Guerra Mundial. Ahora la B.C.G. se usa principalmente en el mundo en desarrollo y en países donde la tuberculosis aún es común y se administra a más de 100 millones de bebés al año.

Al igual que otras vacunas, la B.C.G. tiene un objetivo específico: la tuberculosis. Pero las evidencias acumuladas en la última década indican que la vacuna también tiene los llamados efectos fuera de objetivo, ya que reduce las enfermedades virales, las infecciones respiratorias y la sepsis, y parece apuntalar el sistema inmunológico del cuerpo.

La idea deriva de la «hipótesis de la higiene», que sugiere que el énfasis moderno en la limpieza ha privado a los niños de la exposición a los gérmenes. La falta de «entrenamiento» se ha traducido en sistemas inmunes debilitados, menos capaces de resistir las enfermedades.

Uno de los primeros estudios que dio una pista de los amplios beneficios de la vacunación con la B.C.G. fue un ensayo aleatorizado de 2.320 bebés de Guinea-Bisáu en África occidental, publicado en 2011, que informaba que las tasas de mortalidad entre los bebés de bajo peso al nacer se redujeron drásticamente después de la vacunación. Un ensayo de seguimiento informó que las tasas de mortalidad por enfermedades infecciosas en los bebés con bajo peso al nacer que fueron vacunados se redujeron en más del 40%.

Otros estudios epidemiológicos -entre ellos un estudio de 25 años de más de 150.000 niños de 33 países- reportaron un riesgo 40% menor de infecciones agudas de las vías respiratorias inferiores en niños que habían recibido la vacuna B.C.G.

Un estudio en ancianos reveló que vacunaciones consecutivas con B.C.G. reducían la incidencia de infecciones agudas de las vías respiratorias superiores.

Una revisión reciente de la Organización Mundial de la Salud concluyó que la B.C.G. tenía «efectos fuera de objetivo» beneficiosos y recomendó realizar más ensayos de la vacuna contra una variedad más amplia de infecciones.

«Esta vacuna ha salvado tantas vidas como la vacuna contra la polio: es una historia increíble», dijo el Dr. Curtis, que diseñó y lanzó el ensayo de la B.C.G. en Melbourne en menos de un mes, con la esperanza de estar un paso adelante de la difusión del coronavirus en Australia.

Si bien dijo que la vacuna B.C.G. estaba subestimada, destacó que «no era una vacuna específica contra el Covid-19». La B.C.G. tampoco puede administrarse a alguien que tenga comprometido el sistema inmune porque se trata de una vacuna viva atenuada, lo que significa que contiene tuberculosis viva pero debilitada.

La Dra. Faustman dijo que no debe usarse en pacientes hospitalizados con la enfermedad activa, ya que puede no funcionar lo suficientemente rápido y podría tener una mala interacción con otros tratamientos.

No todos están convencidos de que la B.C.G. sea prometedora. El Dr. Domenico Accili, endocrinólogo de la Universidad de Columbia, dijo creer que los esfuerzos para usar la vacuna contra el coronavirus parecen «un poco como de pensamiento mágico».

Si bien reconoce que la B.C.G. es «un fortalecedor inespecífico del sistema inmune», dijo, «deberíamos poder implementar un enfoque más a medida”.

Un tema es qué efecto puede tener la vacuna en los pacientes cuyos sistemas inmunes reaccionan en forma exagerada al coronavirus y desencadenan lo que se conoce como tormentas de citoquinas. El Dr. Randy Cron, experto en tormentas de citoquinas de la Universidad de Alabama en Birmingham, dijo que era imposible saberlo.

Un análisis reciente del costo desigual que el nuevo coronavirus ha tenido en los países de ingresos medios y altos encontró una correlación con las políticas de B.C.G. y concluyó que los países que no implementaron o abandonaron la vacunación universal con B.C.G. han tenido más contagios con coronavirus per cápita y una mayor tasa de mortalidad. (Los países de bajos ingresos fueron excluidos del análisis debido a que los datos de los informes sobre el Covid-19 son poco confiables y los sistemas médicos en general son deficientes).

«Se puede elaborar una nueva vacuna», dijo la Dra. Faustman. “Somos muy inteligentes y podemos hacerlo. Pero faltan dos años y, si se tarda dos años, será demasiado tarde».

«Si a nivel mundial tenemos a mano algo genérico que podamos usar para fortalecer al huésped humano, esa sería una solución ideal para el público de inmediato».

El siguiente es el mapa de vacunación contra la BCG en el mundo.  Notar que los países en donde no se vacuna contra la BCG como EE.UU, Italia, Francia y España, son donde más incidencia a tenido la enfermedad del coronavirus, y además que en el único país de América Latina en donde no es obligatoria su colocación es Ecuador, que fue el país de esta parte del continente donde más afectados hubo por la pandemia.

Fuente: Por Roni Caryn Rabin, The New York Times

Traducción:  Elisa Carnelli – Diario Clarín