Una de las consultoras más influyentes prevé más intervencionismo ante un posible fallo en el «Plan B» del Gobierno

06-07-2018 – Macroviews, fundada por Carlos Melconian y Rodolfo Santangelo, envió a sus clientes un informe en el cual advierte que, si bien puede tener éxito de corto plazo la estrategia del Gobierno, se hará difícil detener la fuga de dólares y sostener las distorsiones económicas. No descarta «planes C y D»

Agotado el Plan A, el gobierno apela al B. ¿Y si este falla, que opciones tiene?

Hacia fin del año pasado, post-victoria electoral, el tipo de cambio estaba «tranquilamente estacionado» apenas por encima de los $17 por dólar y el riesgo país se ubicaba levemente por encima de los 360 puntos básicos.

Ante esta situación favorable, en sus proyecciones para el corriente año, el Gobierno manejaba la hipótesis de un escenario económico donde el nivel de actividad crecía y la tasa de inflación bajaba por debajo del nivel alcanzado en 2017. Todo ello daba pie al proyecto de reelección presidencial 2019, que se perfilaba como un evento con alta chance de ocurrencia.

El tiempo pasó y hoy, apenas siete meses después, tanto el tipo de cambio como el riesgo país son 70% más altos que en noviembre, pues se ubican en torno de los 29 pesos y de 600 puntos básicos.

En paralelo, la economía recayó en recesión, la inflación pegó un fuerte salto en su medición mensual, el Gobierno acudió a la asistencia financiera del FMI y el proyecto de reelección quedó como mínimo interrumpido.

Es evidente que el brutal cambio de escenario se debe mucho más a factores locales endógenos y menos con el empeoramiento de las condiciones internacionales.

En este contexto, desde la consultora Macroviews sostienen que «desde hace tiempo que una macroeconomía tan desbalanceada, herencia del gobierno anterior, y un programa económico que desde el vamos «no dio en el clavo» con los contenidos, derivó en un mercado cambiario libre y único con demanda de dólares firme y alta y oferta especulativa y volátil».

«La fragilidad del mercado único y libre de cambios reside en que la demanda privada de dólares para atesorar («colchón») y viajar al exterior («Miami») se estacionó en un nivel promedio mensual muy alto en torno a u$s3.000 millones y se enfrentó con una oferta de dólares alimentada mayoritariamente con endeudamiento privado y capitales golondrina que a la primera de cambio se fueron», agregan.

En este contexto, desde abril el mercado cambiario tiene como rasgo distintivo «una oferta privada de dólares negativa», con un faltante que es cubierto parcialmente por el sector público.

No por nada, entre abril y junio, el BCRA vendió casi u$s10.000 millones y el Tesoro otros u$s3.500 millones, pese a lo cual el tipo de cambio subió de 20 pesos por dólar a 29.

¿Cómo se doma este potro salvaje?, se pregunta la consultora fundada por Carlos Melconian. Seguramente será muy difícil hacerlo mediante:
• Cambios de nombres,
• Una mesa de dinero del BCRA más efectiva,
• La colocación puntual de un par de bonos y fuertes incentivos para comprar LETES en dólares,
• La menor tenencia de dólares de los bancos,
• La recategorización de Argentina a país emergente,
• Un cupo de dólares para vender en subastas o subas de encajes y
• Una súper tasa de interés que orilla 50% anual.

Pero según la visión de la consultora que también tiene como director a Rodolfo Santángelo, sí lo puede apaciguar en el corto plazo, que vale mucho en momentos de alta tensión, pero se está propenso a caer en una «calma chicha».

La cuestión de fondo de cada una de las subas turbulentas del tipo de cambio es que son el reflejo de los desbalances macro fiscales, monetarios y de precios relativos todavía no resueltos. Es decir la suma de la herencia recibida más los errores propios.

«Con ingeniería financiera y «picardías de mercado» se puede ganar aire y tiempo pero «hasta ahí», sostiene el último informe de Macroviews.

Será complicado «equilibrar» un mercado cambiario que carga con las mochilas estructurales de una crisis exportadora y una dolarización de portafolios que no se revirtieron con el cambio de gobierno. A mediano plazo, para no condenarse a un dólar «recontra alto» o al estancamiento, será esencial que suban las exportaciones y baje la dolarización.

No hay país normal en el mundo que exporte 30% menos que hace siete años y fugue capitales por más de un tercio de lo que exporta (u$s20.000 / 25.000 millones por año) como sucede hoy con la Argentina.

«El dólar actual es el más alto de la era Macri en términos reales, pues supera al pico de febrero de 2016 de la unificación cambiaria y también lo es frente a cualquiera de los valores alcanzados por el dólar oficial entre 2012 y 2015 con Cristina Fernández», grafican.

Es más, de a poco, se acerca al valor del blue de esos años, pues aquellos 15/16 pesos de 2014-2015 equivalen a más de 30 pesos de hoy.

Con este dólar, la demanda de dólares para importar y viajar al exterior empezará a debilitarse. Habrá que ver cuánto tipo de cambio real y cuánta recesión harán falta para que la oferta y la demanda privada de dólares se «equilibren» en un umbral de relativa estabilidad.

El Plan B

Ante las turbulencias cambiarias, el gobierno decidió solicitarle al FMI un programa de asistencia financiera y al mismo tiempo, se comprometió a aplicar un nuevo programa económico, que en la práctica terminó siendo el Plan B, que dejó de lado todo lo planteado, tal vez con un exceso de optimismo en el Plan A.

Sin embargo, ante una perspectiva política y económicamente complicada, «no puede descartarse que en alguna próxima escalada del tipo de cambio el Gobierno (acechado por la realidad) termine aplicando medidas con mayores dosis de heterodoxia pragmática alejadas de la filosofía original del gobierno y más emparentadas con el gobierno anterior»

El Plan C, y si falla, ¿Viene el Plan D?

Esta opción, que sería el Plan C, podría incluir cambios en las regulaciones, controles de precios, cupos, subsidios, planes, etc. Dentro de esta metamorfosis, podría caer en la tentación como mal menor de un clásico argentino: «una devaluación con retenciones».

«Ante un dólar más alto y/o dificultades insalvables para reducir el déficit fiscal primario en 2019, una ‘salida natural’ sería convalidar un tipo de cambio «alto» (para encauzar cierto equilibrio entre oferta y demanda de dólares) y reponer las retenciones a la exportación (para facilitar la baja del déficit fiscal sin necesidad de que la sangre llegue al río por el lado de la licuación del gasto)», agregan desde Macroviews.

«No sería el paraíso: una devaluación en Argentina es recesiva y acelera la inflación, aún con el amortiguador de las retenciones. Pero no es un escenario al que se le pueda asignar chance cero de ocurrencia», sostienen.

Sólo a manera de ejemplo, la reposición de un 5% de retenciones a la totalidad de las exportaciones aportaría unos $100.000 millones de recaudación adicional.

«Haciendo más futurología, si el Plan B (la «cabalgata en el desierto» con el FMI) quedara a mitad de camino y el Plan C en que se podría caer casi no alcanzara para estabilizar el tipo de cambio y/o para cumplir con los compromisos fiscales con el FMI, no puede descartarse recalar en el Plan D», advierten.

Este podría incluir algún grado de control en el mercado de cambios y/o mayores dosis de canjes o ingeniería financiera en los vencimientos de letras de corto plazo».

En síntesis, argumentan desde la consultora, que «frente al actual estado de la macroeconomía, el Plan A del gobierno «murió» y vino el Plan B que es el Acuerdo con el FMI».

Este último es un camino tortuoso con caída del salario real, recesión, inflación y alta conflictividad social y política que puede quedar trunco con el devenir de los acontecimientos.

Si no logra resultados, una alternativa sería empalmar el Plan B trunco con un Plan C de mayor heterodoxia y regulaciones y en el extremo una «devaluación con retenciones».

Y en el último estadio iterativo, si no alcanzan ni el B ni el C, aparecería en el horizonte lejano más controles en el mercado de cambios y más ingeniería financiera en el de bonos, en definitiva, el Plan D.

«Es un recorrido de 18 meses (hasta diciembre de 2019) donde se mezclará permanentemente economía, política y derivaciones sociales y desembocará en la elección presidencial y el cambio de gobierno», concluyen.

Fuente: iProfesional