Transitorio beneficio por una desgracia ajena

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

26-05-2019 – Loss productores agropecuarios saben que su actividad está sujeta a avatares climáticos, pero también a eventos que están fuera de su control. En los últimos tiempos, entre estos se destacan la guerra comercial desatada entre los Estados Unidos y China, y la decisión adoptada en este último país, de sacrificar una porción significativa de su stock de porcinos, afectados por la fiebre porcina africana. ¿Qué impacto tendrá todo esto sobre la economía de los productores primarios en la Argentina?

Al respecto, conversé con el norteamericano Oswald Harvey Brownlee (1917-1985), quien dictó clases en los Estados Unidos, la Argentina y Chile. Tanto él como su esposa fueron muy apreciados por la hospitalidad con la que en Minnesota recibían a sus alumnos extranjeros.

-Fuera de sus méritos académicos, usted es apreciado por haber protagonizado lo que se denominó el incidente de la margarina. ¿De qué se trató?

-Vernon Wesley Rutan y George Joseph Stigler lo describieron de manera inmejorable. En sus palabras: «La Fundación Rockefeller financió un conjunto de estudios para mejorar la contribución de la agricultura al esfuerzo de la Segunda Guerra Mundial. En mi tesis concluí que el queso es un alimento concentrado y económico. La manteca es diferente. Es una grasa de alto costo, que en buena medida no es consumida directamente por los seres humanos. Grasas vegetales y de otros orígenes se pueden producir con menor uso de recursos (la mitad de la tierra, y la octava parte de la mano de obra). Estos pueden ser utilizados para aliviar la escasez de manteca. Por consiguiente, hay que eliminar los impuestos directos, las licencias, etc, que existen sobre la venta de margarina, y promover su consumo».

-¿Qué ocurrió?

-Que los intereses creados de la industria lechera de Iowa demandaron modificar el estudio, o tirarlo a la basura. Lo cual no debía sorprender, dado que desde 1902 se venían oponiendo al uso de la margarina. Pero como Charles R. Friley, presidente de la universidad de Iowa, accedió a la presión, renuncié y me fui a trabajar a la de Chicago. Theodore Wilhain Schultz y David Gale Johnson me imitaron y me siguieron.

-La primera, beneficiará a los productores argentinos de soja, porque China desviará parte de su demanda de soja importada, de los Estados Unidos hacia Brasil y la Argentina. Como ocurrió en 2018, aunque en aquel momento ustedes tenían menor saldo exportable, como consecuencia de la sequía. En esta oportunidad tendrán doble ventaja, por precio y por cantidad.

-¿Y la segunda?

-Los chinos decidieron sacrificar una importante porción de su stock de porcinos, afectados por una peste. Hicieron esto para no tener luego que matarlos a todos, por efecto del contagio. Pero esto, en el corto plazo, disminuyó su demanda de soja, con la cual alimentan a los porcinos. Por eso, a pesar de que ustedes se pueden beneficiar con la guerra comercial entre los Estados Unidos y China, en estos días también en la Argentina cayó el precio de la soja.

-¿Cómo sigue esta historia?

-La peste porcina africana, como la «vaca loca» que alguna vez azotó a países europeos, son problemas importantes, pero transitorios. En algún momento los chinos volverán a recomponer su stock de porcinos. Para lo cual tendrán que importar animales.

-Oportunidad para los productores argentinos.

-Efectivamente. Al respecto es importante tener en cuenta que los porcinos, como los vacunos, son simultáneamente bienes de consumo y de capital. Los chinos pueden importar porcinos para comerlos, pero también pueden hacerlo para reponer el stock sacrificado, en cuyo caso comerán las crías.

-¿Por qué es importante la diferencia?

-Porque si los chinos importan porcinos sólo para comer, la Argentina tendrá un aumento permanente de las exportaciones de dichos animales; mientras que si los importan para reponer el stock, tal incremento será transitorio. En el primer caso, la demanda de soja para exportación no se recuperará, en el segundo sí.

-El aumento de las exportaciones de porcinos aumentará el precio local, afectando a los demandantes locales del producto.

-Inevitable. ¿No dicen ustedes que la Argentina tiene que exportar más? Pues bien, aquí aparece una oportunidad. Claramente que el aumento de la demanda externa de porcinos les complicará la vida a los demandantes locales del producto; cosa que no ocurre con la soja, porque la demanda local es muy pequeña. Cabe esperar que, como consecuencia del aumento del referido precio, parte de la demanda local se traslade al consumo de otro tipo de carnes, como la vacuna, la aviar, etc.

-En una palabra.

-Que como siempre ocurre, es fundamental contar con buenos diagnósticos para tomar decisiones correctas. Las oportunidades se tienen que aprovechar, sabiendo que se trata de oportunidades. Es decir, que una mejora en las cotizaciones tiene que servir para capitalizarse, no para aumentar el consumo, suponiendo que la mejora llegó para quedarse.

-Don Oswald, muchas gracias.

Fuente: La Nación