Sólo en la Argentina: un Banco Central ausente y en silencio en medio del desborde inflacionario

Con las tasas más negativas del mundo y una emisión monetaria alta, el Central de Miguel Pesce le esquiva si quiera a hablar de la inflación

15-10-2021 – El flagelo de la inflación es un tema tabú para el Banco Central que dirige Miguel Angel Pesce. Curiosamente, la entidad -cuya tarea, entre otras, es preservar el valor de la moneda (léase, que no la dilapide la inflación)- no emite comentario alguno ante el desborde inflacionario. Ni siquiera los funcionarios de mayor perfil (Pesce y el vice segundo Jorge Carrera, éste último de fugaces apariciones en la red social de Twitter) hablan sobre el tema.

De hecho, son contadas las veces que algún funcionario del BCRA aparece dando algún concepto sobre la inflación y, no menos importante, qué puede (o está haciendo) el Central para contrarrestar.

Este último punto es, quizás, de los más cuestionables a este directorio del BCRA: la inacción total por frenar los precios. Un banco central en cualquier parte del mundo, con una inflación corriendo al 52% anual, hace lo que los manuales de economía indican: subir las tasas de interés. Excepto, el BCRA de Miguel Pesce.

La última vez que el directorio del Central subió las tasas fue en noviembre del 2020, hace casi 1 año. En ese momento, subió el costo del dinero (medido por las Leliq) dos puntos hasta 38% anual.

Tasas recontra negativas, siga siga

Después de eso, el BCRA no movió más sus fichas y las tasas de interés en la Argentina son ampliamente negativas a pesar del incesante aumento de los precios (y del dólar, medido por el mercado paralelo). Así, la Argentina es uno de los países del mundo con tasas reales negativas (o sea la efectiva menos la inflación) más altas del mundo. Tiene casi 14 puntos de atraso en términos de tasa de interés.

Esto cuando en la región, por ejemplo, países como Brasil ya empezaron a subirla. Pero no sólo Bolsonaro: México sube tasas, Chile y Perú también, tan sólo por nombrar en la región. Y en esos países, si bien tienen tasas reales también negativas, son ínfimas en comparación con la Argentina y están en el orden del 3,5%.

¿Cuál es el diagnóstico del BCRA sobre la inflación? En sus escuetas apariciones, Pesce habla de la ya trillada «milticausalidad». En el grupo de los culpables del desborde de los pecios, Pesce enumera: la recomposición de márgenes de las empresas, las consecuencia de los efectos inflacionarios de la pos pandemia, y el aumento de precios de los alimentos y el petróleo.

Con ese diagnóstico es que trabaja el Banco Central, básicamente exceptuándose de cualquier responsabilidad ya que las variables que mueven los precios son ajenas a su control.

Emisión y atraso cambiario

El Central «aporta» a que la inflación no sea más elevada «pisando» el dólar oficial. Pero esta estrategia tampoco sirvió: el tipo de cambio que controla Pesce sube la mitad que la inflación pero debido a que la brecha cambiaria es del 90%, se generan expectativas de inflación que retroalimentan la dinámica de los precios. Para peor, el BCRA acumula ya «atraso cambiario» y el Fondo Monetario pedirá -al menos- que acelere el crawling peg el año que viene.

En donde sí el BCRA está fogoneando la inflación, además de su inacción en términos de tasas de interés, es en la emisión monetaria. El Central le dio a la «maquinita» el mes pasado e inyectó $250.000 millones, algo más que los $200.000 millones de agosto y los $180.000 millones de julio. Si bien ya volcó más de 1 billón de pesos en el año, en el mercado creen que tiene margen para más debido al aumento del déficit fiscal por las elecciones y el denominado «plan platita».

Así, el Banco Central no se inmuta ante un incremento de la inflación que el Gobierno busca «calmar» con controles de precios, regulaciones, atrasando el dólar y tarifas, y demás «políticas» que con el ejemplo de este año, marcaron ser -como mínimo- poco efectivas. ¿Se despertará el BCRA? Parece poco probable ver un BCRA más activo como sería lo obvio en cualquier otro país del mundo. En la Argentina se apuesta a salir a la caza de «formadores de precios» y intentar congelar precios. Una estrategia que la historia ya demostró su completo fracaso.
Fuente: Leandro Gabín – iProfesional