Si necesitamos más exportaciones, ¿por qué las gravamos?

Preguntas al economista Antoine A. Walras (1801-1866): Fue un economista que se ganó la vida como profesor. Encontró el valor de los bienes al establecer su escasez en relación con los deseos humanos, pero quedó en la historia por ser el padre del economista Leon Walras.

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

08-03-2020 – El Poder Ejecutivo vuelve a aumentar la alícuota de las exportaciones de soja, porque necesita desesperadamente recursos. Lo hace en revancha por el fracaso que experimentó cuando intentó aprobar por ley la resolución 125/08. Cuando dos causas explican un mismo resultado, el esfuerzo por dilucidar cuál de ellas fue la más importante desde el punto de vista decisorio, es en buena medida una pérdida de tiempo. No lo es analizar las consecuencias de la medida.

Al respecto, conversé con el economista francés Antoine Auguste Walras (1801 -1866), quien tuvo sus propios méritos pero resultó finalmente inmortalizado por haber sido el padre de Marie Esprit Leon Walras. Un caso parecido a los de James Mill, padre de John Stuart, y John Keynes Neville, padre de John Maynard. Se ganó la vida como profesor de escuela secundaria y superintendente escolar.

-Sin ser comunista o revolucionario, usted planteó ideas radicalizadas sobre la propiedad de la tierra y el financiamiento de los gastos públicos.

-La tierra solo tiene que pertenecer a la sociedad, pero la transferencia de manos privadas a públicas no se debe realizar vía confiscación, o emisión de títulos públicos cuyo valor se evapora vía renegociaciones o inflación.

-¿Cómo lo implementaría?

-Propongo que el Estado les compre la tierra a los actuales poseedores y la arriende a explotadores privados. Los ingresos resultantes deberían poder financiar los gastos públicos, de manera que mi propuesta implica la eliminación del resto de los impuestos. Tengo coincidencias con la sugerencia realizada por Henry George, aunque no en lo de la propiedad de la tierra.

-¿Está seguro de que con el arriendo de la tierra alcanza para financiar la totalidad del gasto público?

-Buen punto, porque en mi época los estados gastaban en guerras y en intereses de la deuda pública, pero las transferencias y la burocracia eran mínimas. En números redondos, la relación gastos públicos/PBI era inferior a 10%, y ahora en muchos países supera 40%.

-¿Qué consecuencias tiene gravar las exportaciones?

-Un impuesto genera muchos efectos, generalmente contrapuestos. Perdón por la obviedad, pero la primera razón por la cual se gravan bienes o activos es para recaudar. Lo cual me recuerda a Alexander Hamilton, primer secretario del Tesoro de Estados Unidos, quien les puso un derecho a las importaciones, para hacer creíble, con la recaudación resultante, que ese país iba a honrar la deuda externa de las 13 colonias que el estado federal tomó a su cargo.

-Pero entonces, ¿no es «el padre de la protección» americana?

-Si su propósito principal hubiera sido proteger la producción local, habría fijado el derecho de importación en un nivel que hubiera hecho prohibitivas las compras en el exterior. Pero en ese caso, la recaudación habría sido nula.

-Aumentar la alícuota a la exportación, ¿seguro que es algo que aumenta la recaudación?

-Ya veo dónde va, a poner sobre la mesa la curva inventada por Arthur Betz Laffer, según la cual hay dos alícuotas impositivas que generan la misma recaudación, por lo cual el aumento de la alícuota vigente no necesariamente la aumenta. Podríamos estar en el peor de los mundos, porque el Estado no recauda más y el sector privado pierde incentivos a producir e invertir. El problema radica en que resulta empíricamente muy difícil saber cuál de las dos alícuotas es la vigente, por lo cual se entiende la resistencia de los funcionarios a aplicar un esquema que en el plano analítico es muy simple.

-¿Cuál será el impacto de un aumento de la retenciones sobre las exportaciones?

-Partamos de la base de que los exportadores argentinos de soja no le podrán trasladar a los chinos el aumento de la alícuota que tienen que pagar para venderles; y no se lo podrán trasladar porque los chinos podrían comprar en los Estados Unidos o Brasil. Esto quiere decir que la mayor alícuota reduce el ingreso de los productores y exportadores argentinos.

-¿Y entonces?

-A comienzos del siglo XIX, David Ricardo explicó que, como no todos los campos son igualmente fértiles, y Johann Heinrich von Thumen sostuvo que, como algunos campos quedan más cerca que otros de los centros de consumo o los puertos, el aumento de la producción agrícola solo se puede lograr si sube el precio que reciben productores y exportadores.

-Por eso se propone que el aumento de la alícuota de la retención a la exportación dependa del tamaño de cada campo o de su localización.

-Se trata de una propuesta peligrosa, porque está basada en un mal diagnóstico.

-Explíquese.

-Intuitivamente, parecería que los campos más fértiles y los ubicados más cerca de centros de consumo y puertos tienen costos más bajos que los campos «marginales». Por lo cual si el aumento de la alícuota a la retención de las exportaciones no se aplicara a pequeñas propiedades o a campos ubicados en la periferia productiva, el esperado aumento de la recaudación no tendría impacto negativo sobre la producción y la exportación. Matamos dos pájaros con una sola bala, porque las aves se alinearon.

-¿No es así?

-No totalmente, porque lo de costos altos y bajos alude a costos promedios, pero las decisiones se adoptan sobre la base del beneficio esperado que genera mantener o aumentar la producción, y esto se basa en los costos marginales. Los rendimientos que se obtienen en la denominada «zona núcleo» no son independientes de lo que el agricultor gaste en maquinaria, fertilizantes, etcétera, y, como esto depende del ingreso esperado, cabe estimar una contracción de la producción de bienes exportables, con el consiguiente impacto en el volumen y el valor exportados.

-¿Pueden los funcionarios ignorar algo tan básico como esto?

-Difícil, pero como le dije, crear impuestos y modificar alícuotas genera varios efectos y en casos como estos los funcionarios piensan, primero y principal, en la recaudación resultante. Una política económica redistributiva, encarada dentro del sector privado, y encima muy discrecional, no es en sí misma ni reactivante ni antiinflacionaria. Lo cual no quiere decir que no tenga consecuencias.

-¿Cómo cuáles?

-Un país que necesita exportaciones, que tiene que convencer a sus acreedores de que no solamente tiene disposición sino también chances de honrar el resultado de la renegociación de la deuda, que no parece tener forma de convencer a los argentinos de las bondades de repatriar los cuantiosos fondos que tienen en el exterior, si grava las exportaciones no tiene más remedio que comprimir cada vez más el nivel de las importaciones. A través de mecanismos administrativos, porque el tipo de cambio oficial sigue aumentando menos que la tasa de inflación. Ustedes, argentinos, tienen esta historia en contra, ¿por qué esta vez será diferente?

-Don Antoine, muchas gracias.

Fuente: La Nación