Si la moneda de un país no es reserva de valor, su economía nunca saldrá adelante

Por el Cr. Gustavo Peretti

21-09-2020 – Si uno se pone a pensar acerca de las características de una moneda, más allá de ser una unidad de medida o de cuenta y un instrumento que facilita el intercambio, la principal de ellas es la reserva de valor; ya que en ella está la esencia del ahorro, la posibilidad de utilizar ingresos presentes en el futuro, manteniendo o ampliando su poder adquisitivo a lo largo del tiempo para adquirir o invertir en algo por un importe mayor, producto de la acumulación.

Para que ese dinero que se guarda en el presente, mantenga o amplié su poder de compra en el futuro, la característica fundamental que debe tener esa moneda es que sea estable; y para que eso ocurra debe estar respaldada por la riqueza, la capacidad de generar recursos y la seriedad de las instituciones a lo largo del tiempo, o sea la trayectoria que a lo largo de la historia ha demostrado el país en las distintas épocas por las cuales ha transitado.

Nuestro país se caracteriza, a diferencia de otros, por ser bimonetario; es decir que tiene al peso como moneda de intercambio, pero no lo utiliza como reserva de valor; es decir ahorra en dólares; porque la moneda nacional ha sido constantemente devaluada, la mayoría de los gobiernos, salvo excepciones, han gastado por encima de la capacidad que tenía el estado de generar recursos, por lo cual han emitido dinero sin ningún tipo de control ni respaldo para cubrir esos déficit o se han endeudado por encima de la capacidad de generar divisas que tiene la nación a través de su comercio exterior.

Es por eso que la demanda de dinero nacional ha caído sistemáticamente a lo largo de muchos de los gobiernos que ha tenido el país, porque los distintos procesos inflacionarios por los cuales ha transitado, han conspirado en contra de esa característica de reserva de valor o de moneda de ahorro de su población.

Si queremos superar las repetitivas crisis que se nos plantean cada una determinada cantidad de años de manera casi sistemática debemos pensar en recuperar nuestra moneda nacional como reserva de valor.

Para lograr eso debemos planificar una política fiscal, cambiaria y monetaria coherente, convincente y de largo plazo, pensada a futuro, con una moneda estable y competitiva producto de un estado que se achica y permite reducir los costos del sector privado, para que sea este el que genere la dinamización de la inversión, el empleo, el consumo y el comercio exterior.

Si no somos capaces de ello, y queremos gastar, emitiendo o endeudándonos en exceso de nuestras posibilidades, deberemos pensar seriamente en abandonar el objetivo de tener una moneda propia y estar preparados para la próxima crisis económica.