Si Argentina cae en default, habrá una “tormenta de la que probablemente no sobreviva ni la democracia”

23-04-2020 – El analista político se refirió a la crisis que atraviesa el país, producto de la recesión que ya acarreaba desde antes de la llegada del coronavirus, y a los desafíos a los que se enfrenta debido a la oferta que realizó para el pago de la deuda

“Argentina se enfrenta por estas horas a un problema recurrente que, en estas circunstancias, tiene una importancia relativa mayor: la crisis de la deuda”, indicó en su videodisertación el analista político Sergio Berensztein quien, invitado por la Fundación Mediterránea, se refirió a las “Claves análiticas en un mundo en disrupción”.
Así, en la reunión de trabajo a la que fue invitado Comercio y Justicia, de la que participaron casi 400 personas, el presidente de la consultora Berensztein alertó: “Con los problemas de arrastre que traía Argentina más el coronavirus, ya teníamos un desastre muy significativo. Si a eso le agregamos un default de la deuda, es probable que se origine una crisis de características muchísimo más complejas que cualquiera de las crisis que tuvo el país”.

En su exposición, el analista detalló que la recuperación de la mayor parte de las mencionadas crisis ocurrió, a decir de los economistas, en forma de “U” o de” V”, algunas en “W”. Sin embargo, subrayó: “Si a estas ocho décadas de decadencia, a estos casi diez años de estancamiento y dos años de recesión, más el coronavirus, les agregamos un default, llegaríamos a la tormenta perfecta de la que probablemente no sobreviva ni la democracia, ni nuestra forma de vida. Creo que estamos en horas dramáticas”, sentenció.

En esas circunstancias, consideró: “Hay que aprovechar la oportunidad para ofrecer una salida distinta. Yo creo que ningún arreglo puede ser peor que un default, sobre todo en las circunstancias actuales, en las que flexibilizando algunas cuestiones mínimas se puede mantener el discurso de ‘no movimos la oferta’ y llegar a través de los abogados a un acuerdo que evite un descalabro de proporciones homéricas”.

Al comienzo de su exposición, Berensztein indicó que hay tres conceptos que resumen “dónde estamos parados”. Así, se refirió a la disrupción, la discontinuidad y la incertidumbre.

“La disrupción refleja un cambio de enormes proporciones respecto de cómo se venían dando las cosas en todas las esferas más importantes. Esa disrupción nos obliga a revisar la caja de herramientas, el modo en el que empleamos las herramientas, porque estamos ante una realidad distinta y cambiante que nos obliga a pensar fuera de la zona de confort”,

“La discontinuidad hace referencia a algo que venía con determinada trayectoria y de repente da una salto, donde la nueva función no tiene nada que ver con la anterior. Esto es importante porque no sabemos cómo será la nueva función, cómo será la nueva normalidad. Nadie puede responder eso aún”.

Finalmente, explicó que “esta disrupción y esta discontinuidad generan una gran incertidumbre” en la que están en juego “las libertades, las formas de vida, la manera en la que generamos riqueza. Hay miedo a interactuar y puede durar mucho tiempo. Estamos en un entorno completamente distinto”, admitió.

En ese sentido, refiriéndose en un sentido global, indicó que “un mundo descoordinado, de mayor competencia estratégica, con comercio más trabado, es un mundo que a Argentina le generará más complicaciones. Una recuperación para Argentina requiere de un sector exportador muy dinámico y ahora eso está en duda, porque si vamos hacia una situación mundial en la que va a haber sanciones a China ¿cómo nos adaptamos nosotros a esas nuevas reglas comerciales?”, cuestionó.

En el plano local y sumando análisis político al asunto, Berensztein indicó que “el gran protagonista” -a partir de la crisis por el coronavirus- es el presidente Alberto Fernández. “Se borraron las dudas respecto de su capacidad de liderazgo”, indicó y advirtió sobre el “riesgo profundo” que conlleva tal situación: “En los años 90, (Carlos) Menem se aferró a la convertibilidad y no sostuvo como hipótesis la necesidad de flexibilizarla para adaptarse a los cambios regionales. El riesgo que trae esta crisis es que también signifique una trampa para el presidente Fernández, que lo lleve a sobreexagerar la variable sanitaria de la crisis y no pondere con la misma intensidad otras variables que son tanto o más importantes”.

A decir de Berensztein, ninguna decisión pública puede estar basada en una sola variable. “Hoy parece humanista diciendo que lo más importante es salvar vidas humanas, pero la caída abrupta del PIB también implica vidas humanas, eso está demostrado en todas las grandes crisis, como la que tuvimos en 2001”, aseguró y agregó: “Si de lo que se trata es de salvar vidas humanas, tengamos en cuenta que no hay que tener en cuenta solamente la pandemia, ya que esto que puede ser la solución de corto plazo para el Presidente en la construcción de su liderazgo, puede ser el principal problema una vez que la pandemia esté controlada”.

Finalmente, se refirió a la “gran presencia” que está teniendo el Estado en al manejo de la pandemia e indicó que esa realidad “denuncia algo obvio: cuando más necesitábamos al Estado, nos encontramos con un Estado demasiado grande y poco eficiente” que todo lo que tiene como alternativas para hacer está vinculado a la emisión monetaria. “Esto es significativo, porque aquello con lo que estamos solucionando los problemas de hoy van a ser los problemas de mañana”, sentenció.

En ese sentido, llamó a “la sociedad civil, a los empresarios, a los líderes de opinión -que no están en la gestión de la emergencia- a dar un paso para ayudar a delinear un plan estratégico para manejar la crisis y facilitar la salida”.

Fuente: Comercio y Justicia