Reunión del martes: el campo debe negociar un esquema de retenciones móviles

Las retenciones con un porcentaje fijo, como el esquema actual, son muy gravosas cuando el precio el comodity baja.

30-06-2018 – El martes el presidente recibirá a los representantes de las entidades del campo para entre otras cosas solicitarles el apoyo, en este momento crucial de la economía, que consistirá en la interrupción del cronograma de disminución de las retenciones para poder hacer frente a dos cosas: primero a la constante demanda de divisas que supera a la oferta que el BCRA puede realizar; y segundo a bajar el déficit fiscal, que es la causa principal de la crisis económica por la cual atraviesa el país.

En tal sentido, el campo se debe mostrar colaborativo con el gobierno, y poner el hombro en este momento crítico de la economía; pero debería negociar un esquema de retenciones móviles en lugar de un sistema de retenciones con un porcentaje único, que no varía en función del precio internacional de la soja.

Es verdad que el esquema de retenciones móviles castiga de una forma más agresiva al precio de la oleaginosa cuando el precio internacional de la misma es elevado, pero también es cierto que contempla una reducción de las mismas cuando el precio de la soja cae, circunstancia que no tiene en cuenta el esquema de retenciones con porcentaje fijo.

De esta manera un esquema de retenciones móviles permite administrar de manera más eficiente el tipo de cambio efectivo que le llega al productor agropecuario y atenuar la contribución del sector ante bajas en el precio internacional del comodity, pudiendo apuntalarlo de dos formas: con la disminución del porcentaje que se retiene según lo establecido por el propio esquema y mejorando el tipo de cambio nominal.

El sector agropecuario es el más dinámico de la economía nacional, y el único en condiciones, a pesar de la merma en la cosecha actual, y tal cual lo sucedido en el año 2.003, de dar el espaldarazo necesario par salir de esta difícil situación.

Por otro lado el gobierno deberá comprometerse a bajar el gasto público, para que una vez superada la crisis y encontrado el equilibrio económico, financiero y cambiario, proyectar una planificación que permita una baja sostenible en el tiempo de las retenciones y de la presión impositiva en general.