Quienes no venden especulan; quienes compran también

Por Juan Carlos de Pablo - Economista
29-11-2020 – Especulación, en filosofía, alude a razonamientos que no persiguen algún interés concreto, me enseñó Lila Blanca Archideo. En economía ocurre exactamente lo contrario: calificamos como especulativo al atesoramiento de los productos, que implica, en el caso de los oferentes, no vender y, en el caso de los demandantes, comprar más allá de lo imprescindible; y, peor aún, calificamos como especulativo a quienes lucran con la desgracia ajena. Si queremos entender tenemos que adoptar una perspectiva simétrica.

Al respecto conversé con el australiano Douglas William Vickers (1924-2019), quien enseñó en la Escuela de Finanzas Wharton, de la Universidad de Pensilvania, y en las universidades de Western Australia y de Massachusetts. En sus clases se aprendía tanto de Shakespeare como de economía.

-¿Cómo se clasificaría usted, por su enfoque económico?

-No me considero un economista poskeynesiano, porque no me gustan las etiquetas. Pero el tiempo histórico me preocupa más que el tiempo lógico. Me interesa la incertidumbre. Más que por el equilibrio y el desequilibrio, me intereso por el no equilibrio, etcétera. La interdependencia entre los sectores real y financiero puede generar desequilibrios endógenos. Todas las decisiones están singularmente incrustadas en el tiempo. Las decisiones nunca se pueden repetir. Las omelettes de ayer no pueden ser los huevos de hoy.

-El tratamiento de la incertidumbre lo acerca a John Maynard Keynes y a George Lennox Sharman Shakcle.

-Así es. La ignorancia es un hecho de la vida, porque la información es incompleta, y el contexto es demasiado complejo para ser comprendido, por lo cual las opciones se ejercen de manera imprecisa y borrosa. No se puede seguir suponiendo que el decisor puede identificar los diferentes estados del mundo, asignándoles probabilidades para adoptar, sobre estas bases, sus decisiones. El futuro no es desconocido, sino que es desconocible.

-Muchos economistas creen en Dios, pero pocos como usted lo han explicitado de manera tan nítida.

-La fe en Cristo me llegó de adulto, por lo cual al comienzo de mi carrera profesional no vi la relación entre la cristiandad y el análisis económico. La principal influencia que el cristianismo tuvo sobre mi carrera tiene que ver con la clase de interrogantes que me planteé. Abraham Kuyper enseñaba que había dos clases de ciencia, la que cultivaban los agnósticos y la que planteaban los creyentes. Todo economista cristiano debería leer algún buen manual de teología. En particular, los enfoques histórico y hermenéutico para interpretar los dos Testamentos. Tenemos que ser teólogos antes que economistas. Hay mucho desacuerdo entre los economistas cristianos, porque no tienen conciencia teológica. Aclaro que en mis clases, mi cristianismo no apareció de manera significativa; y en las conversaciones personales, solo ocasionalmente.

-Los especuladores tienen mala fama. ¿Está bien que así sea?

-No se puede clasificar a los seres humanos entre quienes especulan y quienes no. No existen los especuladores, sino los comportamientos especulativos.

-Buena aclaración, pero insisto: usted, que se reconoce como cristiano, ¿qué piensa de aquel que retiene una mercadería o que se niega a prestar un servicio, complicándole la vida a quien lo necesita?

-Entendamos, antes de criticar. En particular, miremos los comportamientos de manera simétrica. El vendedor que piensa antes de entregar un producto por el cual recibiría rectángulos de papel emitidos por el Banco Central, es tan especulador como el comprador que se quiere sacar de encima los pesos, adquiriendo el bien. ¿Por qué criticamos a uno más que al otro? Es más, menos mal que existen los especuladores.

-¿De qué habla?

-Su médico clínico, Rubén Alberto Lanosa, de quien usted siempre habla maravillas, «especula» con que usted se enferme; y la gomería ubicada al costado de la ruta especula con que a usted se le pinche un neumático. No solo no son malvados, sino que menos mal que existen. Lo importante es que no conspiren.

-¿Qué quiere decir?

-En la película El pibe, Charles Chaplin se ganaba la vida reponiendo vidrios rotos. Hasta aquí, todo fenómeno. Pero para aumentar la demanda había contratado a un pibe (Jackei Coogan) que caminaba delante suyo y… ¡rompía vidrios! El equivalente hoy sería que el doctor Lanosa lo medicara deliberadamente mal, para que usted tuviera que volver a su consultorio; que la gomería tirara clavos miguelito en la ruta; o que los productores de barbijos rompieran los laboratorios donde se fabricará la vacuna contra el Covid- 19.

-Veo que usted diferencia entre comportamientos y explicaciones conspirativas.

-Muy importante. Para ilustrar imaginé ejemplos concretos, de comportamientos conspirativos. Lo cual no es lo mismo que racionalizar en el plano causal determinados resultados económicos. ¿Seguro que los cambios en las cotizaciones del dólar se deben a la manipulación de algunos pocos, muy poderosos? No tengo cómo saberlo, pero quienes lo afirman en radio y en TV tampoco lo saben.

-Acepto su propuesta de mirar de manera simétrica, al comportamiento especulativo tanto de oferta como de demanda. ¿Qué debería hacer el Gobierno al respecto?

-Perdón por la reiteración, pero todo comienza por entender el problema que tenemos por delante. No tomamos decisiones sobre la base de lo que va a pasar, porque no sabemos qué es lo que va a ocurrir; tomamos decisiones sobre la base de lo que creemos que va a pasar. Las expectativas son importantes porque sobre esa base tomamos las decisiones. No les pidamos a los gobiernos que eliminen la incertidumbre, porque eso es como pedirles a los médicos que solucionen el problema de la muerte; pero?

-¿Pero qué?

-Pidámosle al menos que la reduzca. Ninguna empresa funciona no vendiendo; funciona vendiendo, para lo cual tiene que fabricar, emplear personas, etcétera. De manera que desabastecer no es una estrategia empresaria, sino un subproducto transitorio de la incertidumbre generada por la política en general y por la política económica en particular. Si la filial noruega de una empresa multinacional hoy vende, mientras que la filial argentina no, esto no se puede explicar porque el gerente noruego es cristiano y su par argentino, ateo.

-Fácil de decir.

-Pero imprescindible. La herencia, el arranque del actual Gobierno, más las consecuencias del Covid-19, son suficientemente contundentes para que ustedes, argentinos, no necesiten más materia prima para hacer de la supervivencia un desafío excitante. Plantear en el plano policial la lucha contra el desabastecimiento generado por la incertidumbre con la cual hay que adoptar las decisiones, es un grave error. La historia lo muestra claramente, ¿para qué insistir, entonces?

-Don Douglas, muchas gracias.