Quien no especula, que tire la primera piedra

No hay que criticar los comportamientos especulativos, sino que hay que entenderlos y preguntarse a qué se deben

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

28/07/2022 – Cuando los padres les preguntan a sus hijos “¿qué te gustaría ser cuando seas grande?” escuchan, con alegría, que piensan ser médicos, futbolistas o cantantes de ópera; pero se alarmarían si la respuesta fuera: “Especulador”. Ningún niño o niña dice eso, porque “especulador” no es una profesión. Es un aspecto de la decisión humana. Qué bien haríamos en entenderlo, en vez de apresurarnos a calificarlo duramente.

Un ser humano que no come o bebe fallece en horas, al igual que otro ser humano que, con urgencia, no consigue cómo intercambiar el fruto de su trabajo para satisfacer alguna necesidad de manera imperiosa. Ambas, son personas que no pueden darse el lujo de especular. Pero ellos constituyen una ínfima proporción de la población.

Hablemos de la mayoría. Tomamos decisiones sobre la base de lo que creemos que va a pasar, no sobre la base de lo que va a pasar, por la sencilla razón de que no sabemos lo que va a pasar. Esto es tan cierto en Suiza como en la Argentina, pero como el grado de incertidumbre es diferente en ambos países, allá se observan menos comportamientos especulativos que aquí.

Tanto en Suiza como en la Argentina, el dentista “especula” con que nos duelan las muelas, y el gomero, que está instalado al costado de una ruta, con que se nos pinche un neumático. ¡Menos mal que existen estos especuladores!

Especula el productor, que solamente vende la cantidad que necesita, porque encuentra que los bienes que produce son mejor refugio contra la inflación que los pesos. Es tan especulador como el consumidor, que pretende comprar más cantidad que la que necesita. Por exactamente la misma razón, oferentes y demandantes no son diferentes personas, sino que encarnan diferentes roles dentro de una misma persona. No hay compradores y vendedores de dólares blue, hay seres humanos que a veces compran y a veces venden.

No hay que criticar estos comportamientos; hay que entenderlos y, sobre todo, que los funcionarios se pregunten a qué se deben. Para ilustrar la pretendida desconexión entre efectos y causas, Julio Hipólito Guillermo Olivera solía citar el caso de la persona que mató a sus padres, la policía lo metió preso, lo condenaron y cuando el juez estaba por fijarle la pena, pidió clemencia dada su condición de… huérfano. Funcionarios: en Suiza hay menos comportamientos especulativos que en la Argentina, pero no porque allá aprendieron ética en la familia y en la escuela, y aquí no.

Fuente: La Nación