¿Qué nos dice la historia sobre la posibilidad de bajar el Gasto Público?

Por Dr. Domingo F. Cavallo
Ex Ministro de Economía
República Argentina

Nuestra historia económica muestra muchas fluctuaciones en el porcentaje del gasto público con respecto al Producto Bruto Interno. En la década del ‘40 representaba alrededor del 20% del PBI, pero comenzó a aumentar después del golpe militar de 1943 y pegó un salto muy grande durante los primeros años de Perón. Llegó a representar el 45% del PBI en el año 1948, cuando además de un fuerte aumento del gasto público social, Perón pagó por las nacionalizaciones de los ferrocarriles y varias otras empresas de servicios públicos.

Agotadas las reservas que el Banco Central había acumulado durante la Segunda Guerra Mundial, Perón comenzó a ajustar el nivel de gasto, estabilizándolo, alrededor del 30% del PBI entre 1951 y 1955. Aún con este drástico ajuste, que lo redujo del 45% al 30% del PBI, el nivel de gasto era un 50% superior al de los primeros años de los ‘40. Mientras el gasto estuvo alrededor del 30% del Producto, el déficit fluctuó entre 5 y 10% y se financió con los ahorros que acumulaban los trabajadores para su jubilación y con financiamiento del Banco Central. La inflación pudo mantenerse alrededor del 20% anual pero con fuertes controles de precios y de cambios.

Desde el Golpe Militar que derrocó a Perón en setiembre de 1955 hasta el regreso de Perón en 1973, los sucesivos gobiernos trataron de bajar el gasto público y hacia la década de los ‘60s lograron ubicarlo en alrededor del 25% del PBI. Este proceso fue muy complicado, tanto en el plano político, como en el económico y social.

El sinceramiento completo de muchas distorsiones en precios relativos que habían tratado de corregirse gradualmente durante 1956 y 1957 terminó corrigiéndose de golpe entre 1958 y 1959 pero a costa de un salto inflacionario superior al 100% entre finales de 1958 y mediados de 1959. Luego de este salto inflacionario, el plan de estabilización y desarrollo de Frondizi, el gradualismo de Illia y el plan de estabilización de Krieger Vasena, lograron contener la inflación dentro del rango 10 al 30% anual durante algo más de una década. Durante esos años (1960 a 1972), la economía consiguió crecer a un ritmo satisfactorio. Este crecimiento con inflación moderada fue el resultado de la fuerte modernización y capitalización de la economía que se logró en los años de Frondizi. Durante estos años el gasto público como porcentaje del PBI se mantuvo alrededor del 25%.

El tercer gobierno de Perón que se inició en 1973 llevó nuevamente el nivel de gasto al 30% del PBI en 1975, nivel en el que se mantuvo hasta 1985. Ni el salto inflacionario que significó el Rodrigazo, ni el tímido ajuste que intentó el gobierno militar logró bajar el gasto de ese nivel.

En todo ese período el déficit fiscal y la inflación se mantuvieron muy elevados y fracasaron tanto el Plan de Estabilización de Martínez de Hoz como el Plan Austral de Sourrouille. El fracaso de esos dos planes de estabilización se debió fundamentalmente a la falta de ajuste fiscal y al efecto devastador que la alta inflación tuvo sobre la posibilidad del gobierno de recaudar los impuestos.

Después del primer año del plan Austral, cuando se produjo una baja importante en la tasa de inflación, el gasto público siguió aumentando y llegó en 1989 al 35% del PBI. En este aumento influyeron, como ya había ocurrido a lo largo de todo el período post-Rodrigazo, el pago de intereses sobre la deuda interna y externa y, sobre todo, las fuertes pérdidas de las empresas del Estado.

La reforma del Estado y el Plan de Convertibilidad permitieron reducir el gasto público del 35 al 25% del PBI en un período de dos años, 1990 y 1991. Sin duda esta fuerte reducción del gasto público y la total eliminación del déficit fiscal apuntalaron al Plan de convertibilidad, pero el éxito inicial en bajar drásticamente la inflación y eliminar las expectativas inflacionarias ayudó a su vez a que la gente apoyara la reforma del Estado, las privatizaciones, la desregulación y la apertura de la economía.

El aumento del gasto público de los últimos años de los ‘90s tuvo tres orígenes: el excesivo gasto provincial y su endeudamiento con el sistema bancario, el aumento del servicio de intereses de la deuda pública luego de 1996 y la recesión provocada por el deterioro de los términos del intercambio y la fuerte apreciación del dólar en el mundo.

La baja del gasto público como porcentaje del PBI que se produjo a partir del abandono de la convertibilidad y la pesificación forzosa de todos los contratos pactados en dólares, fue totalmente artificial (producido por un fuerte ajuste inflacionario, social y económicamente mucho más costoso que cualquier otro ajuste fiscal) y por tanto insostenible. Ya en 2007 el porcentaje del gasto público como porcentaje del PBI había alcanzado el mismo nivel que en 2001 y a partir de allí, el gasto público aumentó sostenidamente hasta alcanzar el 45% del PBI en 2015.

La experiencia histórica demuestra que es muy difícil mantener baja la inflación con semejante nivel de gasto público. Pero a su vez, si uno compara el ajuste necesario para volver a niveles más normales (digamos 30% del PBI) con el que se llevó a cabo durante los años 1990 y 1991, es muy difícil imaginar cómo se lo logrará sin un fuerte poder político y el acompañamiento de la población. El gasto público bajó del 35 al 25% en aquellos años. Ahora necesitaría bajar de 45 al 30%.

El gobierno, consciente de que no tiene todo el poder político que se necesitaría y no contando con la predisposición favorable de la gente a aceptar los cambios que la hiperinflación había creado al final de los ‘80s, está intentando un ajuste muy gradual, parecido al que, siguiendo las sugerencias del Plan Prebisch, intentó el Gobierno Militar luego de la caída de Perón en 1955.

Si las circunstancias internacionales lo ayudan y la confrontación política es menos violenta que la que caracterizó a la pugna entre el peronismo y el anti peronismo entre 1955 y 1973, existe cierta posibilidad de que el gobierno tenga éxito.

Mi experiencia y mi lectura de las circunstancias internacionales y del clima político interno, me inducen a opinar, con vehemencia, que el Gobierno de Macri debería tomar el toro por las astas y poner en marcha un Plan de Estabilización y Desarrollo como lo hizo Arturo Frondizi en diciembre de 1958.

Fuente: Blog personal Dr. Domingo Cavallo