Que lo que pasa en Chile no nos modifique el diagnóstico

Por el Cr. Gustavo Peretti

24-10-2019 – En estos días se están produciendo varios conflictos en Latinoamérica, siendo los más resonantes los que están ocurriendo en Ecuador y en Chile, de los cuales el que más repercute en Argentina es el del vecino país tras andino.

Chile hace treinta años que muestra una tendencia positiva en la economía, con variables macro económicas sanas y un PBI creciendo de manera ininterrumpida. Con una población de 19.107.000 habitantes, una inflación anual del 2,5%, desocupación del 7%, una esperanza de vida de 80 años, lo que marcan indicadores totalmente envidiables si comparamos con nuestro país.

Sin embargo en los últimos días se han producido estampidas sociales que se escudan en una desigual distribución del ingreso (una de las mayores de sudamérica), aún cuando el coeficiente de gini ha venido mejorando en los últimos años, aunque por debajo del porcentaje de crecimiento económico.

Entonces podemos ver que el problema de Chile no es un problema macro, ya que el país funciona económicamente y crece todos los años, sino un problema de distribución de la riqueza.

En la Argentina el problema es otro, nuestro país no crece desde hace muchos años, tiene períodos de caída y períodos de recuperación, pero siempre en porcentajes promedios que apenas alcanzan para cubrir el crecimiento vegetativo de la población; y en los últimos ocho años, tomando todo el período en su conjunto, ni si quiera hemos logrado eso, la economía está totalmente estancada, con una presión tributaria enorme, un gasto público inmanejable y totalmente indexado, déficit fiscal de 5 puntos del PBI, una inflación del 50% anual, desocupación estructural del 20% (la mitad está escondida en empleo público y planes de empleo), un sistema previsional totalmente desfinanciado y muchos otros indicadores que podríamos contrastar con el vecino país.

Es por ello que en los últimos días en los medios de comunicación se comenzó a justificar el enorme gasto social en nuestro país como medio de contención social y de distribución de la riqueza.

Si alguien cree que incrementar el gasto social significa mejorar la distribución de la riqueza, está totalmente equivocado y más teniendo en cuenta que hay que sostener una alta presión tributaria para poder financiar ese gasto, circunstancia que conspira contra la inversión, el crecimiento y la generación de empleo genuino.

Ningún país del mundo puede crecer y distribuir correctamente su riqueza si no basa su crecimiento en la inversión, en la generación de riqueza y de empleo genuino.

Por eso es de esperar que quien gane en las próximas elecciones no tome lo que pasa en el vecino país, para  seguir expandiendo el gasto sin restricción alguna escudado en la redistribución del ingreso, incrementando la presión tributaria sobre algunos sectores económicos eficientes, pareciera que castigándolo por ello, cuando debiera ser todo lo contrario.

Que lo que pasa en Chile no sea una excusa para no hacer lo que se tiene que hacer y justificar el gasto desmedido, el endeudamiento, la emisión monetaria, la creación de impuestos distorsivos y la indisciplina fiscal.