“Que la pandemia sirva para que algunos padres se involucren más con sus hijos, no cambia el papel de la escuela”

28-05-2020 – “Que la escuela en casa ayude a que algunos padres se involucren más con sus hijos, no cubre el verdadero espíritu de lo que pasa en un Jardín de Infantes. No hablamos de aulas, hablamos de la extensión y complementación de la educación/formación familia y escuela”.

Este contexto de pandemia, me afecta directamente con el tema de la escuela en casa, ya que tengo dos hijos, mi Manuel Antonio en cuarto grado y mi Anita del Carmen en el Nivel Inicial en la salita de 4. Me llama mucho la atención cuando escucho que muchas personas manifiestan que por fin las madres se enteran del valor de la escuela y del rol de los docentes. Me parece que estas expresiones encierran un grado de confusión total e ignoran de lo que se está hablando.

Sin lugar a dudas, hoy reflexionamos más sobre si las madres o padres son capaces de enseñar, más que sobre el significativo y valioso papel que tiene la escuela en el desarrollo de una persona y ni hablar si estamos hablando de la vida de un niño, en sus primeros años.

Por eso, en este espacio, con motivo de ser 28 de Mayo, Día de los Jardines de Infantes quiero “traer a mi mesa de trabajo” como tema de reflexión: “el verdadero papel de la escuela y de los Jardines Infantes o Nivel Inicial”.

Reducir la escuela a un simple espacio donde se instruye el conocimiento es como retornar a los antiguos conceptos de Paulo Freire donde indica que: “la calidad de la educación se mide en cuestión de cantidad. Entre más sea la cantidad de conocimiento (depósito) que el maestro (depositante) logre insertar en la cabeza del estudiante (depositario), mejor maestro será. Mientras que entre más información tenga el estudiante, memorice y repita, mejor estudiante será.” Lo cual, son conceptos obsoletos y que no encuadran en la realidad.

Los Jardines de Infantes, o el Nivel Inicial son mucho más, es una etapa muy poderosa si se aprovecha al máximo para optimizar el desarrollo integral de los niños, a través de la socialización, además de lo educativo-formativo, siempre recordando –por supuesto- que es una complementación de todo lo que se inculca en casa.

El valor del docente, no es el mismo de un improvisador… Karl Marx, por ejemplo decía con respecto a la división del trabajo, -palabras más, palabras menos- que su importancia radica en que eso trae aparejada la especialización, y consecuentemente que hayas personas que hagan su trabajo con excelencia y no que todos hagan de todo, porque eso da como resultado un trabajo mediocre, y es aquí, -a mi entender- donde realmente radica el valor del docente, su trabajo especializado, su amor y vocación, desarrollado en cada clase con todos los aspectos lúdicos, pedagógicos y de aprendizaje que confluyen entre un clima preparado pero que a la vez fluye.

Quizás, sí, creo que podemos hablar de reforzar la idea y materializarlo en hechos concretos, esto de que los padres se involucren más, en la vida del niño, si es que no lo venían haciendo, porque desde toda óptica, esto genera resultados para el resto de su vida. Pero, la escuela… la escuela, decía James Heckman, no se trata exactamente de aulas, sino que son como una familia extendida. Son grupos pequeños de niños que reciben mucha atención, orientación, muchos estímulos donde ellos desarrollan habilidades ejecutivas, de planificación, de interacción, de cumplimiento de tareas, de seguir instrucciones.

Organización, respeto, responsabilidad, solidaridad, cooperación, honestidad, tolerancia, prudencia, auto-control, cuidado al medioambiente, etcétera, son valores y aspectos que se aprenden en casa y se refuerzan y consolidan en la escuela…

Por eso, se nota y se sufre, esta faltante de la escuela en las condiciones que las necesitamos y que son verdaderamente efectivas.

Lógicamente, que hoy, hay que aceptar y valorar, el poder seguir delante de esta manera, sabiendo que no es una elección, sino que es una medida de emergencia, ante un contexto excepcional de pandemia, donde no hay vacuna y hay más preguntas que certezas, desde cualquiera de los ángulos en los que uno se enfoque.

Quiero cerrar este editorial planteando dos caras de la moneda; voy a empezar por la triste para rematar con la más optimista, y que es, el tiempo perdido, y que – a mi entender lo van a sentir más, en el nivel de egresados que se pierden de compartir tantas emociones de transitar el último año, y en el Nivel Inicial, del que hoy estamos hablando. El año pasado una Directora, hoy jubilada, me planteaba que una persona puede recuperar en cualquier momento de su vida, cualquier instancia educativa, pero el Nivel Inicial, el Jardín de Infante es una vez en la vida y ya está. Me da tristeza que nuestros niños se estén perdiendo este tiempo por esta pandemia que nos sorprendió a todos, aunque sea una medida que fundamentada y justificada, además de entendida y aceptada por todos.

Mientras que la cara positiva, está compuesta por todos los actores del sector y de la comunidad educativa, que, aunque con errores y aciertos, han puesto a disposición todos sus conocimientos y voluntad, además de esforzarse para aprender a contrarreloj a utilizar herramientas para que la educación, el aprendizaje y la escuela no se detenga.

El saludo para todos los que hacen de los Jardines de Infantes, el mejor lugar para que nuestros niños crezcan en las mejores condiciones posibles, a aquellas personas que estimulan a nuestros niños a soñar, a creer, a compartir, a ser buenas personas. Hoy, en el Día de los Jardines, recordemos que los niños necesitan de padres atentos, siempre, que los guíen en sus vidas, con pandemia y sin pandemia, y de la misma manera, nuestros niños necesitan de este espacio único, tan significativo con personas y profesionales que se preparan, estudian, y fundamentalmente tienen ese sentido de vocación que les permite desarrollar en nuestros infantes cosas maravillosas.

Lic. Silvina Tissera

Comunicadora Social – Periodista