¿Puede un solo fósforo quemar el Amazonas?

11-02-2019 – Imagine el lector un fósforo encendido en el medio del Amazonas ¿puede un solo fósforo quemar el Amazonas? En principio puede, debido a que el Amazonas está lleno de ‘mecanismos de transmisión’ del fuego. Imaginemos ahora que la autoridad de regulación cuenta con 21.000 millones de litros de agua para apagar ese pequeño fuego ¿puede un solo fósforo quemar el Amazonas? Claramente no. Incluso si la autoridad regulatoria llegara tarde, es decir, cuando los mecanismos de transmisión ya hubieran propagado el fuego, es claro que habría una ventana de oportunidad para combatir el fuego con semejante cantidad de agua.

Hay un solo escenario en el cual un solo fósforo puede quemar el Amazonas. Este es un escenario donde la autoridad regulatoria no puede decidir libremente sobre cómo utilizar sus 21.000 millones de litros de agua, sino que tiene que negociar esto con una autoridad superior cuyos principales intereses, aunque parezca increíble, no fueran prevenir el fuego ¿Puede un solo fósforo quemar el Amazonas, aún si la autoridad regulatoria cuenta con 21.000 millones de litros de agua para apagar el fuego? La respuesta es sí, si es que el FMI no deja que el banco central use esos 21.000 millones de dólares en tiempo y forma. Veamos.

Si vamos 4 meses atrás en el tiempo, el 2019 pintaba realmente complejo para el mercado cambiario. Con una cuenta capital absolutamente desregulada y una elección donde la polarización económica jugará un rol central, la capacidad del Banco Central de administrar una corrida contra el peso era prácticamente nula. Y el fósforo podría ser cualquier seguidilla de pequeñas operaciones de demanda de dólares que traccionaran hacia arriba la cotización de la divisa. Pero con el correr de los meses y con el relativo éxito del esquema de flotación entre bandas, el gobierno logró acumular capacidad de fuego (agua) debido a 4 acciones distintas, a saber:

El FMI proveerá al fisco con unos u$s 12.000 millones adicionales a los vencimientos de deuda de 2019 y el fisco venderá esos dólares en el mercado, aumentando la oferta de divisas en un mercado que probablemente se encuentre a la expectativa del resultado electoral. Para peor, el calendario electoral proveerá al mercado con una novedad por mes (a excepción, por ahora, del mes de julio, dónde no hay prevista ninguna elección provincial).

El banco central consiguió en el marco del G20 una ampliación del swap con China por casi u$s 9.000 millones. Si bien se suele decir que esos dólares ‘no se pueden usar’, esta afirmación es falsa. Más de fondo, no quedarían claras las razones por las cuales una autoridad monetaria ampliaría un instrumento que no puede ser utilizado.

La autoridad monetaria ha podido recomprar sus contratos de dólar-futuro y, de esta manera, ganó espacio para intervenir ante una posible corrida, como ya lo hizo durante 2018. Por suerte, la herramienta de dólar-futuro es utilizada por el banco central a pesar de la insostenible judicialización del instrumento en cuestión.

El verano financiero internacional ha permitido que el dólar se posicione por debajo del piso de la banda, permitiendo descomprimir la tasa de interés de la política monetaria. Si bien algunos creemos que el dólar no está bajando, sino que está tomando impulso, lo cierto es que el mismo impulso lo está tomando la tasa de interés, que podría subir rápidamente ante un evento de corrida.

Sin embargo, tener el agua no significa que el FMI deje que el banco central la pueda utilizar para apagar un fósforo en el medio del Amazonas. El principal problema de la actualidad es, paradójicamente, el buen desempeño del sistema de bandas de flotación cambiaria. El dólar mayorista cerró en $37,86 el pasado viernes, unos centavos por debajo del piso de la banda. Eso quiere decir que si, digamos, esta semana ocurre algún evento internacional que afecta negativamente a Argentina y lleva a una devaluación, el banco central no podría intervenir hasta que el dólar alcanzará los $49,27, un 30% arriba del último cierre. Si esta situación se diera en el medio de la campaña electoral, las posibilidades de una espiralización que afectara los stocks del sistema financiero serían altas. Es por esa razón que, a pesar de tener mucha agua para apagar el fuego, el banco central necesita conseguir que el FMI lo autorice a usarla, de ser necesario.

Hoy llega al país una nueva misión del FMI. Si el banco central busca pasar un 2019 sin sobresaltos, urge conseguir un angostamiento del sistema de bandas, incrementar la capacidad de fuego sobre el techo de la banda y tener mayores grados de libertad para vender las reservas que la autoridad monetaria ha podido comprar en el mercado (ya sea con el swap o debajo del piso de banda). Nuestra autoridad monetaria debería tratar de parecerse lo más que se pueda a la principal candidata de la oposición: tener un piso alto y un techo bajo. Puesto que si el dólar perfora el techo, también lo hará la oposición.

Fuente: Emanuel Álvarez Agis – Ambito Financiero