El fútbol como alternativa para la construcción de vínculos reales.

Hoy finalizaron las prácticas del año de este grupo hermoso de niños que han estado dirigidos por los “profes Isaac y Matías” como ellos dicen. Quise registrar una foto personal para guardarla de recuerdo y ellos se alegraron pensando que van a salir en la Radio, así que aquí está, cumpliendo con mi palabra.
En mi profesión, como le pasa a cualquier comunicador que se siente mejor en algún área más que en otra, siempre me gustó mucho la parte política-económica, además de los temas psicosociales y de salud, que es lo que más hago –aunque en verdad hago un poco de todo.
Así que mi comentario no va ser tanto desde el punto de vista de los logros deportivos –ya que en estas instancias no se contabilizan al no ser competitivo- sino de los logros psicosociales que genera esta actividad hablando de las causas por las que los padres podemos llegar a esta actividad deportiva con nuestros pequeños niños que si bien están aquellos que son hijos de papás fanáticos por el fútbol, soñando con que sean figuras importantes en algún futuro, hay muchos casos en donde éste se ha vuelto un punto de encuentro del niño con sus pares, un espacio en el que puede aprender jugando, en el que puede recrearse y aprender técnicas y valores…
Hoy los psicopedagogos hablan de que el desafío de los tiempos actuales es que nuestros hijos sean exitosos socialmente, lo cual puede generar un poco de incertidumbre, pero no es más ni menos que aprender a hacer amigos reales, lejos del mundo virtual que cada día tiene más presencia en nuestras vidas; y sin lugar a dudas éste es un espacio para aprender a comunicarse cara a cara, para compartir, para generar vínculos: VINCULOS REALES.
Ahora bien, también los psicopedagogos se quejan de que los padres no saben qué hacer con sus hijos y buscan “lugares a donde dejarlos para estar tranquilos” que puede ser que pase, pero también es una realidad que ellos necesitan jugar con niños de su edad, y a veces como papás vivimos en una cuadra donde no hay niños, o si los hay se manejan horarios diferentes y entonces, a veces salimos a espacios verdes y te encontrás con que no hay niños, hay plazas y plazoletas vacías por momentos o que haya niños pero ya están en grupos, lo que hace que uno como papá esté predispuesto a jugar, en un arenero, en las hamacas, en un tobogán o a la pelota, al fútbol, al basquét o a lo que sea; pero ellos no quieren jugar con los grandes, a veces sí, pero la mayoría de las veces no, ellos quieren jugar con sus pares; entonces ir a práctica no es solamente aprender un deporte, es además cubrir esa necesidad de nuestros hijos de jugar con otros niños, y ya no es tan pesado si en la plaza no les queda otra que jugar con los grandes.
Por otro lado, dejando de lado a los niños que buscan compartir permanentemente, creo que es importante destacar cuántos niños con características de timidez, con dificultades para vincularse con otros llegan a práctica con la sugerencia de un terapéutico infantil que entiende que eso es fundamental para trabajar su problema o en otros casos niños que son muy movedizos que necesitan descargar sus energías y que también les resulta una opción acorde a sus necesidades.
Por eso, quiero destacar el trabajo de todos los profes y particularmente los que ha tenido mi hijo, mi Manuel Antonio, porque cuando uno es padre o cuando una es madre, ya el fútbol deja de ser una actividad deportiva donde se buscan talentos –que seguramente los habrá- pero la actualidad marca un tiempo lleno de desafíos nuevos en el mundo deportivo, agiornado a los contextos descriptos anteriormente y tantas cosas que quedaron sin escribir para no hacer tan largo el asunto.
Con esta redacción saludo a los profe Isaac y Matías y en su nombre a todos aquellos que trabajan al servicio de nuestros niños, lo hago como mamá, de mi parte y de todos aquellos que comparten mi pensamiento.