¿Por qué Japón y la Argentina son «diferentes»?

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

14-04-2019 – Si la mera existencia de recursos naturales fuera una condición suficiente para generar un buen nivel de ingreso por habitante y crecimiento del producto bruto interno (PBI), Venezuela no estaría pasando por lo que está pasando. La contraposición de la evolución de las economías de la Argentina y Japón a partir de la Segunda Guerra Mundial volvió a generar interés, reflotando una simpática ocurrencia planteada hace más de medio siglo.

Al respecto, entrevisté al ruso Simon Smith Kuznets (1901-1985), quien dedicó su vida a la estimación e interpretación de las cuentas nacionales (producto, ingreso y gastos nacionales), complementando el enfoque teórico encarado simultáneamente por John Maynard Keynes en La teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (Keynes cita las primeras estimaciones realizadas por Kuznets). Por tal esfuerzo, merecidamente, en 1971 obtuvo el Premio Nobel. En 1984 lo ganó John Richard Nicholas Stone, por haber planteado la estimación de las cuentas nacionales no como un conjunto de cálculos aislados, sino como un sistema.

-En su conferencia Nobel usted sintetizó las principales características de los procesos de desarrollo.

-El crecimiento económico moderno presenta seis características: 1) altas tasas de crecimiento del PBI por habitante; 2) alta tasa de aumento de la productividad; 3) alta tasa de transformación estructural (de la agricultura a la industria, y a servicios); 4) alto cambio en la estructura de la sociedad y en la ideología (urbanización, secularización, etcétera); 5) mayor poder de la tecnología, particularmente en transporte y comunicaciones, y 6) la performance económica de países cuya población conjunta es 3/4 de la humanidad está todavía por debajo de los mínimos compatibles con el potencial de la tecnología moderna. Estas características están interrelacionadas y su interrelación es muy significativa.

-En sus clases de Harvard usted planteaba una clasificación de los países, erróneamente atribuida a Paul Anthony Samuelson.

-Dividía los países en cuatro «clases»: los desarrollados, los subdesarrollados, Japón y la Argentina. Para enfatizar la atipicidad de ambos casos, y que en la explicación del desarrollo económico no había que sobreestimar la importancia de los recursos naturales. Japón, que no tenía ninguno, había avanzado mucho más que la Argentina, que tenía muchos.

-Aclaremos que lo dijo en la década de 1960. ¿Qué diría hoy?

-Buen punto. De la Argentina diría lo mismo. En cuanto a Japón, es cierto que no aparecieron recursos naturales dentro de su territorio, pero hace mucho tiempo que su PBI dejó de crecer. Las fantásticas tasas de crecimiento de su PBI hace décadas que desaparecieron, por lo cual lo que ocurrió después de la Segunda Guerra Mundial fue una fantástica recuperación, pero o hace décadas que los japoneses diseñan planes de estancamiento, que cumplen a rajatabla, o tienen planes de desarrollo que no les funcionan. Destaco además que el estancamiento de su PBI total coincide con algún crecimiento de su PBI por habitante, porque la población está disminuyendo en términos absolutos.

-¿Puede la economía china «japonizarse»?

-Puede, aunque por ahora no se nota. Luego de la muerte de Mao Zedong y de la mano de Deng Xiao Ping, desde la segunda mitad de la década de 1970 experimenta una gigantesca «transición», que tal como era de esperar generó inicialmente crecimientos del PBI de 10% anual, luego de 8% anual y ahora de 6% anual. Por favor, no occidentalicemos el análisis de la economía china, focalizándolo en la evolución trimestral de su PBI, porque no sirve para entender.

-Volvamos a la Argentina. Se habló de la «maldición de la pampa húmeda», como ahora se podría hablar de la maldición de Vaca Muerta . ¿Es la abundancia de recursos naturales una bendición o una maldición?

-Sonrío para disimular el fastidio que me genera la pregunta. Que haya argentinos que lamenten los recursos naturales que tienen equivale a que alguien lamente que en una comunidad haya personas inteligentes porque no todos pueden tener el mismo coeficiente intelectual, o lamenten que haya personas hermosas porque Dios no distribuyó la belleza de manera uniforme.

-Pero los talentos hay que saber utilizarlos.

-Ahora hablamos. Algunos inteligentes son vagos, porque igual aprueban los exámenes. En economía ocurre lo mismo. Los 140 millones de toneladas que esperan ustedes en la próxima cosecha no solo se deben a la productividad natural de la tierra, sino también al esfuerzo y a las inversiones de los productores agropecuarios. Y como bien describió Carlos Reymundo Roberts en LA NACION del domingo pasado, Vaca Muerta puede seguir muerta a menos que se realice el esfuerzo de transformar un valioso recurso subterráneo en bienes al servicio de los seres humanos.

-No me va a repetir que no es la benevolencia del carnicero la que nos permite comer carne.

-Si quiere no se la repito, pero la famosa afirmación de Adam Smith fue tan relevante en 1776 como lo es hoy.

-Si los argentinos aprovechamos bien los recursos naturales de repente usted tiene que revisar lo que dijo en sus clases.

-Nada me pondría más contento.

-Don Simon, muchas gracias.

Fuente: La Nación