Ofertocracia, demandocracia y calidad de vida

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

16-02-2020 – En los aeropuertos de Occidente los taxis hacen fila y los conductores les preguntan a los pasajeros adónde quieren ir; en Moscú, los segundos les preguntan a los choferes adónde se dirigen», afirmó el economista húngaro Janos Kornai, en las memorias que publicó en 2006. Inmejorable ejemplo de la diferencia que existe entre ofertocracia y demandocracia. Kornai se inmortalizó planteando el concepto de restricción presupuestaria blanda, aplicable a las empresas que operaban en las economías socialistas. En el referido contexto el gerente de cada empresa estaba más interesado en hacerse amigo del ministro de Hacienda para que lo subsidiara, que en lograr que los demandantes compraran de manera voluntaria los productos que él fabricaba.

Sobre la cuestión de la ofertocracia y la demandocracia conversé con el italiano Paolo Sylos Labini (1920 -2005), sobre quien Paul Anthony Samuelson afirmó: «Los economistas en todo el mundo, de Cambridge (Estados Unidos) a Cambridge (Inglaterra) y de Osaka a Omaha, te admiran por una vida que muestra innovación schumpeteriana, brillantez keynesiana, rigor ricardiano y realismo smithiano».

-En 1956 se publicaron dos obras: Barreras a la nueva competencia , escrita por Joe Staten Bain, y Oligopolio y progreso técnico , fruto de su pluma. ¿Por qué fueron importantes?

-Franco Modigliani afirmó que lo fueron porque generaron un salto cualitativo en la teoría del oligopolio, como se denomina a la forma de mercado en la cual pocos oferentes que no coordinan sus decisiones, interactúan con muchos demandantes. Las obras fueron desarrolladas de manera independiente, arrancan desde el mismo punto de partida, pero llegan a conclusiones diferentes. La clave de la diferencia está en el tamaño no insignificante del nuevo productor con respecto al nivel de producción existente. Según Joseph Halevy, mi libro impactó tanto a los marxistas, como Paul Alexander Baran y Paul Marlor Sweezy, como a los economistas del desarrollo.

-Usted debería estar agradecido con Modigliani.

-Lo estoy, porque como mi obra fue publicada en italiano, inicialmente fue conocida en el mundo anglosajón gracias a su comentario bibliográfico. También se vieron perjudicados José Barral Souto y Maurice Félix Charles Allais, por haber publicado inicialmente en castellano y francés, respectivamente.

-¿Cuál fue su aporte?

-Tengo una visión esencialmente dinámica de la realidad, por lo que la idea de equilibrio debe ser, no digo abandonada, pero sí al menos empujada hacia el fondo. Ese es el enfoque en el cual se encuadra mi teoría de la fijación de los precios en un mercado oligopólico.

-¿Qué dice qué cosa?

-Que cada oligopolista no solamente mira el presente sino también el futuro, por lo cual fija el precio del producto que fabrica en un nivel que no entusiasme a potenciales productores a incorporarse como oferentes. Aplicando esta estrategia, en el corto plazo no gana tanto como si «explotara» a los demandantes, pero usufructúa el margen de beneficio oligopólico durante más tiempo.

-La cuestión de la relación entre el tamaño de cada oferente y la del mercado, parece crucial.

-Lo es. Si instalarse, fabricar, promocionar y vender un producto, fuera fácil y poco costoso, los oligopolistas vivirían constantemente amenazados. Cuando los costos de entrada son importantes, esto no es tan sencillo. Además de lo cual, la estrategia de precios que recomiendo desalienta las inversiones.

-¿Da lo mismo vivir en un país donde rigen la ofertocracia o la demandocracia?

-Comencemos por clarificar de qué estamos hablando, y si me permite voy a ejemplificar con su caso.

-Adelante.

-Usted se gana la vida, entre otras cosas, dictando conferencias. Si su país opera sobre la base de la ofertocracia, usted hablará de lo que a usted se le ocurra y los asistentes no tendrán más remedio que escucharlo. Pero, con lo que cobre por hablar, solo podrá comprar los productos que se les ocurran a los otros oferentes, por ejemplo, solo helado de crema, solo Aerolíneas Argentinas o solo la sinfonía 40 de Wolfgang Amadeus Mozart.

-¿Y si operara sobre la base de la demandocracia?

– Usted no tendría más remedio que preparar conferencias sobre la base de lo que el público quisiera escuchar, pero si lo contrataran podría comer lo que le pareciera, viajar como lo considerara más conveniente o escuchar a Richard Wagner.

-¿Qué tal vivir en una ofertocracia cuando se trabaja, y en una demandocracia cuando se consume?

-Qué vivo que es usted, no estamos pensando en situaciones individuales, sino en las implicancias que tienen los diferentes sistemas.

-¿Cuáles son dichas implicancias?

-El desarrollo de diferentes actitudes, las cuales generan distintas habilidades. Quien opera en una demandocracia está permanentemente alerta, tiene problemas como el resto de los seres humanos, pero trata de buscarle la vuelta; mientras que quienes operan en una ofertocracia consideran que sus ingresos derivan de un título de nobleza, de manera que la prestación de los servicios no es algo obligatorio, sino una gracia por la cual los demandantes deberían estar eternamente agradecidos. El ejemplo de Kornai, referido a los taxis, es muy ilustrativo al respecto.

-Al final uno se acostumbra.

-Obvio, porque la modificación del contexto macroeconómico está fuera del alcance de cada persona. Pero esto no quiere decir que, desde el punto de vista de los resultados globales, resulte lo mismo que las reglas del juego induzcan comportamientos basados en la ofertocracia o en la demandocracia.

-¿De qué habla?

-Como le dije, yo enfatizo la dinámica, el cambio tecnológico y organizacional. La ofertocracia puede resultar cómoda para los actuales oferentes, pero dificulta la adaptación a las realidades cambiantes, por lo cual, a medida que pasa el tiempo, la rigidez resulta crecientemente costosa. La demandocracia, por el contrario, hace que los cambios sean menos traumáticos, porque desarrolla actitudes proclives a la adaptación.

-Deme un ejemplo.

-El reemplazo de las máquinas de escribir por las computadoras personales no se dio de un día para el otro, permitiéndoles a los oferentes que se fueran preparando. ¿Se imagina un país que, para no tensionar a los fabricantes de máquinas de escribir y a sus operarios, hubiera prohibido la importación y fabricación de computadoras personales?

-En una palabra.

-La vida es cambio, es dinámica. El congelamiento de la realidad actual pertenece al plano de la nostalgia, pero es contraproducente para la toma de decisiones. Haría muy mal el actual gobierno de su país si les dijera a quienes producen sin escala, con maquinaria vieja, etcétera, que no se preocupen porque van a protegerlos de la competencia local e internacional. Porque esto, en el mejor de los casos, es algo transitorio.

-Don Paolo, muchas gracias.

Fuente: La Nación