No existe un valor de equilibrio

24-10-2018 – El Gobierno y el FMI se confunden gravemente en materia cambiaria. Todo el mundo prefiere usar la moneda que mejor mida los precios, a través del tiempo. Como al peso ya le sacaron 13 ceros, desde 1970, el dólar terminó por convertirse en la unidad de cuenta, en el metro para medir valores a través de los años. Desde la democracia, los sucesivos gobiernos vienen desconociendo la preferencia de la gente. Imponen la obligación de pagar sueldos, impuestos, servicios, alquileres, y otros en pesos. No aceptan el veredicto del público que acuerda emplear al dólar en las transacciones permitidas y para contabilizar sus patrimonios. Pagan con pesos únicamente por las regulaciones que decretan su curso forzoso. Los gobiernos se oponen a reconocer la conveniencia y deseos de la población. Una falla de la política y las opiniones influyentes.

Ese desconocimiento tiene grave incidencia en la marcha de la economía, volvemos a confirmar este año. La flotación cambiaria del peso, una moneda impuesta por regulaciones oficiales, contrarias a los deseos de la población, viola las condiciones para estabilizar precios y propiedades. Los agentes económicos deciden en dólares, a largo plazo. Cuando los precios y patrimonios se miden en dólares, a lo largo del tiempo, la variación de la cotización del dólar impacta todos los precios, ingresos y patrimonios. Por eso el peso es muy poco demandado, las autoridades deben restringir la circulación a mínimos extremos. Por eso, tres cuartas partes de los activos financieros están en dólares, en el colchón, depósitos, bonos y en el exterior.

En esas condiciones no existe valor de equilibrio del dólar, pues la cotización empuja todos los precios, ingresos, cuentas y patrimonios, públicos y privados. Siempre dependerá de cuan exigua la circulación y exuberantes los rendimientos en pesos. En tanto, otros países se benefician de los capitales argentinos que tanto escasean aquí.

La salida es establecer una cotización fija del dólar por largo tiempo. El BCRA ya anunció un primer paso: que no emitirá pesos. Debiera añadir el compromiso de vender y comprar dólares de forma ilimitada a una cotización determinada, con mínima brecha de valores de intervención. Cada venta de divisas contraería la emisión; cada compra de divisas incrementaría la circulación de pesos por igual valor. La regla de la convertibilidad. Las reservas actuales sobran para una cotización razonable. Lo decisivo es que fuera creíble por largo tiempo. No importa tanto el tamaño del metro sino su constancia. Nuestro país necesita certidumbre para salir de la pobreza e inflación.

En enero de este año, las expectativas del mercado (REM) que publicó BCRA eran de 16,5% para la inflación promedio (máxima 20%) y del dólar 22 pesos a fin de 2018. Desde el inicio de la crisis, el 23/4/2018 hasta el 1/10/2018, BCRA expandió en 80% la base monetaria para cancelar Lebac. No puede sorprendernos la furibunda devaluación. Datos que urgen la necesidad de certidumbre pues no hay equilibrio cambiario ni de precios con flotación y sin reglas. Tampoco posibilidades de reducir la pobreza ni de expandir oportunidades, explica mi nuevo libro Fin de la Pobreza.

Nunca, jamás, la flotación funcionó en nuestro país. En cambio, las políticas de cambio fijo iniciaron períodos fructíferos hasta que nuestra indisciplina terminó imponiéndose. Las autoridades y el FMI podrían arriesgarse a intentar nuestra propuesta.

Fuente: Enrique Blasco Garma – Ambito Financiero