Nadin Argañaraz: Las devaluaciones tienen cada vez un efecto más corto

Señala que la sociedad votó contra los ajustes de la economía, pero que los gobiernos siguen gastando por encima de sus posibilidades.

–Devaluaciones, altas tasas, aumento de la desocupación, endeudamiento. ¿Hay vida en la economía argentina después de todo esto?

–Estamos muy complicados, pero creo que sí. Hay vida y vida sostenible en la medida en que como sociedad entendamos por qué caemos en lo que caemos. Tenemos en la Argentina un problema de racionalidad en el uso de los recursos. En la economía hay un principio básico, que es el de la escasez: pocos recursos para necesidades ilimitadas. Argentina tiene crisis recurrentes en la medida en que no logramos comprender cada uno de los argentinos e internalizar esta cuestión de que debemos ser cada vez más productivos. Un reflejo que tiene la sociedad argentina es tener estados deficitarios, que permanentemente gastan más que los recursos genuinos que tienen, es decir, se endeudan. Después no podemos pagar la deuda porque nunca solucionamos el problema de fondo: gastar más que lo que ingresa.

–Fíjese que el déficit del gasto trasciende las ideologías partidarias. Gastaron de más gobiernos de todas las extracciones.

–Ese es un punto interesante porque existe una estructura de funcionamiento del gasto que lleva a distintas administraciones, como la actual, que intentó bajar el déficit de manera gradual. La sociedad no está preparada para el shock, no quiere un ajuste y hay que hablar de ajuste. Al igual que en una familia, si se gasta de más, algo hay que hacer: o se trabaja más para tener más ingresos o se reduce el gasto. Este gobierno, que intentó la gradualidad, también se endeudó. Dejará al menos unos 110 mil millones de dólares de deuda más que en 2015, aun habiendo reducido el déficit. Pensemos que si eso no se hubiese hecho, cómo llegábamos hasta acá. Entonces, claramente, hay un problema de desequilibrio que tenemos que erradicar y de manera sostenible, no un año o dos para volver a tenerlo.

–¿Erradicar ese desequilibrio está en manos de economistas o de políticos?

–Está en manos de la sociedad. Debe haber una simbiosis muy fuerte entre la economía y la política. El político tiene que confiar en los técnicos y los técnicos en los políticos. En Argentina ha habido experiencias de técnicos que se transforman en políticos y se genera cierto ruido. Cada uno debe trabajar en lo que sabe. Por ejemplo, Argentina debe tener una inserción inteligente en el mundo. Pero para poder exportar tenemos que ser competitivos. Y aquí nos hemos acostumbrado a que como nunca afrontamos los desafíos, no renunciamos a las prebendas de los sectores, recurrimos a la devaluación de las monedas. Pero cada vez las devaluaciones tienen un efecto más corto. Por ende, no va, ya no hay alquimias en esto. Pero el 55 por ciento de los votantes de las Paso le dijeron que no a ese camino, entonces se genera un ruido importante.

–¿Ese 55 por ciento podría pensar que hay un problema de redistribución de la riqueza?

–Sí, tuvimos mucho tiempo con tarifas de energía y de transporte muy bajos, eso ha cambiado en parte. Pero Argentina tiene el mismo nivel de actividad que hace 10 años.

–La torta es del mismo tamaño.

–Por habitante, es más chica. Entonces la puja distributiva va a ser muy fuerte. Tenemos que crecer, sostenidamente. Y, paralelamente, generar la redistribución para no tener más del 30 por ciento de la gente por debajo de la línea de pobreza. Es inexplicable.

–La deuda se ha convertido en un nuevo condicionante para la economía argentina futura.

–Sí, una de las cosas favorables que dejó el gobierno anterior fue el bajo nivel de endeudamiento con el sector privado. Le colocó mucha deuda al Estado, por ejemplo, al Banco Central, letras intransferibles. De ahí tomó muchísimos millones de dólares para financiar el desequilibrio sin solucionarlo. Este Gobierno, en cambio, ha tomado deuda, con lo cual será un condicionante, un tema clave. Hay que atender la deuda y, a la vez, dar una señal de que se tendrá capacidad para pagarla. Yo soy partidario de un acuerdo económico social. Definamos un camino y definamos un ajuste equitativo. Que cada uno, en su proporción, aporte algo justo. De lo contrario, a estas crisis siempre las terminan pagando quienes menos tienen porque consumen todo su ingreso en alimentos. El impuesto inflacionario es el más regresivo que existe.

–En el arcón de las riquezas, ¿qué nos queda para enfrentar esta situación tan desafiante?

–Recursos naturales, la potencialidad del turismo, capacidad humana muy relevante. Hay muchas profesiones en las que los argentinos trabajan en el mundo. Nos queda mucho stock de capital, tanto físico como humano. El campo, innovación tecnológica…

–¿Vaca Muerta?

–Sí, ahí se creó una resolución con incentivos, pero después el Estado cambió. No hay que cambiar las reglas para poder ser creíbles. Si no tomamos ese camino, Argentina seguirá como siempre: sube, baja; sube, baja.

Fuente: Walter Giannoni – La Voz del Interior