Más de la mitad de los empleados privados tienen comprometidos sus sueldos en actividades imprescindibles

31-03-2020 – El domingo por la noche el presidente Alberto Fernández tuvo la desafortunada idea de tratar de miserables a los empresarios que despiden personal y decir que es hora de que ganen un poco menos, más allá que siempre habrá quienes tienen comportamientos prebendarios, esos que piden proteccionismo y demás privilegios para no tener que competir y lograr un consumidor cautivo.

En primer lugar, porque antes de seguir pidiéndole esfuerzos al sector privado, el Presidente debería estar liderando una baja del gasto público a nivel nacional, provincial y municipal, en vez de tener a gobernadores e intendentes desfilando por la Casa Rosada antes de la cuarentena, pidiendo plata para financiar la exorbitante burocracia estatal, la cual, como mínimo, puede reducirse en $500.000 millones en los tres niveles de gobierno, sin agregar otros rubros de clientelismo político.

Todo parece indicar que la dirigencia política no entendió que sus sueldos se financian con los impuestos que paga la gente del sector privado que produce. Es como si no hubiesen tomado conciencia que si el sector privado agoniza, ellos no van a poder cobrar. Podrán emitir toda la moneda que quieran, pero al problema del coronavirus le van a agregar otro no menos: una inflación aguda.

El gráfico muestra el total de personas que trabaja en blanco. De los 12,1 millones que informa el Ministerio de Trabajo para diciembre último, el 26,7% lo hace en el sector público a nivel nacional, provincial y municipal que pretende seguir cobrando el 100% de sus salarios como si nada pasara en la Argentina.

Pesada burocracia estatal

Es evidente que, dentro de esos 3,2 millones de empleados en la administración pública hay policías, docentes, personal de las fuerzas armadas y de la salud que deben seguir cobrando su sueldo pleno, pero hay una inmensa mayoría de puestos estatales que, al igual que los empleados del sector privado, tendrán que sacrificar parte de sus ingresos, por las buenas o por las malas. Acá hay empresas que no van a poder pagar los alquileres, los sueldos y van a ir a la ruina con esta extensa cuarentena sin paliativos generales.

De acuerdo con los últimos datos, en la Argentina hay aproximadamente 550.000 empresas. El 99% de son pymes, es decir, tienen hasta 200 empleados, y generan el 60% de los puestos de trabajo del sector privado y las grandes empresas generan el otro 40%. En números aproximados, de los 8 millones de puestos de trabajo en el sector privado, 4,9 millones los generan la suma de los ocupados en las micro, pequeñas y medianos empleadores.

Sin negar el principio de igualdad ante la ley, es bastante claro que una pyme tiene mucho menos espalda para aguantar sin trabajar que las grandes compañías. Del total de las 550.000 empresas, el 28% son comercios, los cuales ya venían agonizando por el largo estancamiento económico que se arrastra desde 2011 y la crisis de 2018, agudizada ahora por la cuarentena que hace que la gente no circule y los comercios no puedan vender. Si no venden, no pueden pagar el alquiler, los sueldos y tampoco los impuestos.

Siempre en base a datos del Ministerio de Trabajo para diciembre 2019, la mayor cantidad de puestos de trabajo del sector privado está en el rubro comercio y reparaciones. Luego viene la industria manufacturera y el resto de los sectores. El rubro Servicios Comunitarios, Sociales y Personales abarca una amplia gama que va desde la recolección de basura, esparcimiento, peluquería, etc. Un largo listado de actividades.

De acuerdo a estos datos, había 1,12 millones de personas que trabajan en comercios que tienen sus ingresos muy comprometidos porque las empresas no venden. De la industria manufacturera, hay sectores fuera de combate como el automotriz y el autopartista. Todo lo que tiene que ver con la actividad inmobiliaria está paralizado, ahí se registran otras 56.000 personas que no pueden aguantar mucho tiempo más.

Construcción tiene 416.600 puestos de trabajo que no funcionan. Los 265.600 puestos de trabajo de hoteles y restaurantes también complicadísimos; explotación de minas y canteras, paralizada, en definitiva, siendo optimista y suponiendo que la industria manufacturera trabaja al 50%, aproximadamente la mitad de los puestos de trabajo del sector privado, es decir 3.900.000 millones personas tienen su sueldo comprometido porque están en rubros que no facturan.

A eso hay que sumarle 397.500 autónomos (básicamente profesionales) que están sin trabajo (es dudoso que hoy un odontólogo, arquitecto, abogado, escribano, tenga mucho trabajo) y tenemos otro 1,6 millones de monotributistas únicos. En total, el sector privado tiene comprometido el ingreso de no menos de 5.900.000 personas de continuar esta parálisis de actividad. Los docentes, los médicos, el transporte de mercaderías y el sector agropecuario pueden continuar funcionando, por ahora.

Pero atención que esta situación se puede complicar a los que hoy tienen trabajo. Por ejemplo, si las empresas dejan de facturar, suspenden su publicidad, de la cual dependen los medios para sobrevivir y los periodistas no van a tener ingresos porque las empresas periodísticas pueden entrar en crisis financiera.

El señor que tiene un local y se lo alquila al comercio de electrodomésticos, es dudoso que pueda cobrar el alquiler si el inquilino no vende ni un ventilador. La empleada doméstica no va a poder seguir cobrando un sueldo si la familia que la contrata no tiene ingresos porque perdieron su sueldo.

dentro del universo del sector privado hay que sumar los que están en el sector informal que hoy no pueden hacer ni una changa.

Mientras tanto los empleados del sector público nacional, provincial y municipal dedicados a actividades burocráticas, pretenden seguir cobrando el sueldo como si nada pasara en Argentina ni en el mundo.

Antes de la crisis, el sector privado ya no podía seguir aguantando el peso de los 19 millones de personas que todos los meses pasan por la ventanilla del estado a cobrar un sueldo. Es fácil imaginar que, con las empresas sin venta, ese esquema ya no es viable.

Si a la crisis de la salud no se le quiere agregar una catástrofe económica, habría que sugerirle al Presidente que vaya pensando seriamente en liderar una fenomenal baja del gasto público en los tres niveles de la administración. Los ingresos tributarios se van a caer fuertemente, incluso en valores nominales, y no hay mucho margen para emitir, salvo que a la crisis de salud y de actividad se quiera agregar un desparramo inflacionario descontrolado.

En definitiva, es hora que la dirigencia política ponga las barbas en remojo, porque esta vez se puede hundir con el sector privado, si no reaccionan a tiempo.

Fuente: Roberto Cachanosky – Infobae