Mal momento para pelearse con el FMI: EE.UU. sube las tasas, hay riesgo de sequía y es más cara la importación de gas

Un verdadero colchón de dólares que dio margen también al Banco Central para muñequear las cotizaciones del dólar contado con liquidación para que la brecha no se abriera aún más. En esa faena, se calcula que el BCRA gastó cerca de 3.000 millones de dólares el año pasado.

Claro, el colchón sirvió para demorar el acuerdo e intervenir en el mercado cambiario, pero no para acumular reservas. Este es un punto clave para 2022. Porque el “viento de cola” está girando peligrosamente. No es un buen momento para estar con el tanque de reservas al límite y al mismo tiempo pelearse con el Fondo Monetario Internacional.

Ya en la primera semana del año tres malas noticias están anticipando que Argentina podría enfrentar un 2022 mucho más complicado que el 2021.

El clima está confirmando los peores temores de los productores agropecuarios. La amenaza de sequía crece y empieza a mostrar sus efectos. Esta semana la Bolsa de Comercio de Rosario difundió su habitual informe climático y concluía: «El maíz temprano sembrado en las provincias de Santa Fe, Córdoba, Entre Ríos y Buenos Aires está en una situación muy delicada: en la franja este del país se confirman pérdidas de rindes que van del 20 al 40%”.

Productores del sur de la provincia de Buenos Aires se intercambian mensajes desalentadores. “Ya pasó el periodo crítico de definición del rendimiento. Faltó agua y eso significa que habrá un montón de millones de toneladas menos. Es muy grande el área afectada, casi todo Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos”. Consuelo: la sequía está ocurriendo con precios internacionales aún muy altos, lo que amortigua el impacto del desastre.

La soja se define en febrero. Habrá que ver cuán riguroso es el clima hasta entonces, pero en el sector se habla de que la producción global de granos quedará por debajo de la campaña anterior. Los precios se mantienen altos, pero como respuesta a que se anticipa que la oferta de commodities será más baja.

La segunda mala noticia viene por el lado de los precios del sector energético, que se dispararon en los últimos meses, y eso seguramente incrementará la cantidad de dólares que se gastarán este año para abastecer con gas natural licuado la demanda local, sobre todo durante el invierno. La factura, que por importación de gas y derivados llegó a US$ 4.500 millones en 2021, podría crecer a US$ 7.500 millones en 2022, según estimó Daniel Gerold, consultor del sector energético.

El Gobierno está al tanto de esto, pero en el mercado no ven cómo resolverá el dilema de ahorrar en importaciones y al mismo tiempo no provocar fuertes aumentos en las tarifas que pagan los usuarios. Esta semana, el presidente Alberto Fernández fue categórico ante los gobernadores que fueron a escuchar en vivo al Ministro Martín Guzmán: en la hoja de ruta de la política tarifaria no aparece la palabra tarifazo.

Pero en el mundo pasan cosas. El índice de commodities del sector energético que elabora el Banco Mundial dice esto para el caso del gas natural: el valor promedio de dicho índice saltó de 45.5 en 2020 a 130.5 en 2021. Y cerró diciembre de 2021 en 234.

Los aumentos del costo de la energía están detrás de noticias impactantes de estos días. La revuelta social en Kazajistan comenzó como una protesta contra la subida del precio del combustible el día de Año Nuevo.

En el Reino Unido también hay una fuerte convulsión por los aumentos que están llegando en las facturas. “Tenemos que decidir entre calentarnos o comer debido al aumento vertiginoso de las facturas de energía” decía un artículo del diario The Sun. “Comer o calefaccionarse” (It’s eating or heating) titulaba el diario Metro.

Estás noticias captaron la atención del interventor del Enargas, Federico Bernal, quien comparó los aumentos del 46% que se aplicaran en abril en Reino Unido más otro 20% en agosto, con los aumentos que se decidieron en los primeros meses del gobierno del ex presidente Mauricio Macri.

Por oposición a ello, Bernal defendió la política tarifaria de su gobierno, que representan un impacto menor en el bolsillo de los asalariados.

”La suspensión de la tarifa de @mauriciomacri mejoró el ingreso real de las familias. Dejamos de elegir entre pagar las facturas energéticas y alimentarnos, disyuntiva por la que atraviesa buena parte de Europa…” escribió el funcionario. Bernal no mencionó a qué costo fiscal se alcanzó ese logro, ni cuán sostenible es.

La tercera mala noticia viene desde Estados Unidos, o más puntualmente desde la Reserva Federal, el Banco Central de ese país. La escalada inflacionaria que se está observando allí -y en todo el mundo- trastocó la hoja de ruta de la FED. Si hasta noviembre de 2021 se decía que el fenómeno inflacionario era “transitorio” en las últimas semanas se abandonó la palabra “transitorio”.

Esto llevó a que formalmente se avisara que este año habrá un endurecimiento de la política monetaria que consiste en retirar la liquidez excedente -inyectada para capear la tormenta de la pandemia y la cuarentena- y además, se elevará la tasa de interés de referencia. Hasta hace una semana se hablaba de tres subas a lo largo del año. El martes pasado se empezó a hablar de cuatro ajustes en 2022.

Es una mala noticia para los países emergentes, tanto para los que están conectados al mercado internacional de capitales como para la Argentina, aislada completamente. Los flujos de capitales se reacomodarán y habrá un fortalecimiento del dólar. La contracara de ello es que pueden sufrir los precios de los productos que vende Argentina Es muy temprano para ver qué intensidad tienen estas tres malas noticias, pero seguro que el panorama cambió.

Sumar a ello la mala noticia, por ahora potencial, de que no habrá arreglo con el FMI, puede ser un golpe muy duro.

Fuente: Gustavo Bazzan – Clarín