Lo que le dicen al Presidente cuando está por decidir

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

16-04-2020 – A las 9 de la mañana, el presidente Alberto Fernández se reúne con un infectólogo, quien luego de presentarle sus análisis le lleva propuestas, y para llevar agua para su molino le dice: «Alberto: ¿vos querés que el número de muertos por coronavirus sea 100 o 10.000?».

A las 10 de la mañana, el presidente Fernández se reúne con su ministro de Economía, quien luego de presentarle sus análisis le lleva propuestas, y para llevar agua para su molino le dice: «Presidente, ¿usted quiere que el PBI caiga otro punto porcentual más?».

A las 11 de la mañana, el presidente Fernández tiene que decidir durante cuánto tiempo más, y en qué condiciones, prolonga lo que popularmente se denomina cuarentena. Tiene que hacerlo en soledad, acompañado por las dos carpetas que le dejaron sus interlocutores. No es necesario ser muy profundo para entender lo que está ocurriendo en nuestro país.

Lo cual no quiere decir que no tenga consecuencias, y yo, como economista, tengo que hablar con la misma claridad y contundencia con la cual hablan los médicos, quienes están prestando un gran servicio cuando explican y aconsejan a través de los medios masivos de comunicación, aunque, tal como era de esperar, no siempre están de acuerdo entre sí.

El Presidente tiene que ser exigente con los médicos y con los economistas que consulta, porque el conflicto entre «salud y economía» es real y por ende la decisión es difícil, pero la clave está en el tamaño del conflicto, y esto depende de las medidas que se adopten.

La economía no son planillas Excel o estimaciones del FMI, sino que se refiere al componente material de la vida humana. Podemos morir por el coronavirus, pero también por otras enfermedades, de hambre, de sed, y también porque nos puede fallar el corazón al no saber cómo responder a nuestros compromisos.

Nadie morirá en su casa porque se queda sin plata y no quiere violar la cuarentena; lo que cabe esperar es que salte el cerco. ¿Por qué esperar a que esto suceda? Responder a la creciente violación de la cuarentena multiplicando los controles de los que obedecen genera la misma bronca que despierta solucionar el problema de la evasión fiscal aumentando las alícuotas.

¿No se pueden abrir los comercios a ciertas horas, o en determinados días? ¿No se pueden escalonar los horarios de las fábricas? Que opinen los que saben. La clave está en encontrar vías específicas para que la actividad económica se detenga lo menos posible.

Fuente: La Nación