Las prioridades del Gobierno son frenar la sangría de dólares y recuperar el acceso a los mercados

29/04/2018 – Fue jefe de asesores de Domingo Cavallo previo a la crisis de 2001 y luego trabajó varios años como jefe de mercados emergentes para el Citi. El viernes después del mediodía, el economista Guillermo Mondino disparó un tweet que heló la sangre de muchos operadores del mercado local y que no pasó desapercibido en las esferas oficiales: «La suba de tasas de interés puede ser contractiva, pero es mucho menos recesiva que el sudden stop en el que estábamos entrando». Un elogio para el Banco Central por haber optado –al menos en teoría- por el «mal menor».

El fenómeno conocido como «sudden stop» es el gran fantasma que azota a los países emergentes y fue patentado por otro economista argentino, Guillermo Calvo junto con su colega y amiga Caren Reinhardt. Se trata de las crisis que se producen en los países cuando pierden acceso a los mercados financieros y por lo tanto se frena el ingreso de dólares. La consecuencia de este fenómeno son dos: primero una fuerte recesión y luego una crisis de deuda. México 1994, Sudeste Asiático 1998 o Argentina 2001 son los mejores ejemplos de este fenómeno de consecuencias devastadoras.

La acelerada pérdida de reservas que sufrió el Banco Central dejó a la economía argentina a la puerta de ese temido escenario. Y nadie estaría en condiciones de afirmar que lo dejó atrás ni mucho menos luego de la suba de 300 puntos básicos de a tasa de interés de referencia, que pasó de 27,25% a 30,25%.

La suba de tasas tuvo como intención contener la demanda de dólares más que llevar adelante una política monetaria más restrictiva.

Es cierto que el incremento de tasas coincidió con cierto relajamiento del tipo de cambio, que había superado los $ 21 al mediodía del viernes. Pero en realidad el BCRA continuó vendiendo reservas para fijar el dólar un precio más bajo y logró que cerrara a $ 20,88, pero siempre con intervención oficial. ¿Qué hubiese pasado si el Central no seguía vendiendo? El tipo de cambio hubiera terminado mucho más arriba de $ 21 aún luego de la suba de la tasa de interés. Sólo en los últimos tres días el Central tuvo que vender USD 3.700 millones para contener la cotización de la divisa en medio de un gigantesco cambio de portafolio de inversores que huyeron del peso para pasarse a dólares. Una corrida cambiaria con todas las letras.

Una avalancha de nieve arranca con un pequeño copo o un desprendimiento que va tomando velocidad y volumen. Algo parecido sucede con el mercado cambiario. Lo que despertó esta vez la salida de dólares fue la torpe decisión del Congreso, fogoneada por el Bloque Justicialista pero avalada por el Gobierno, de aplicar el impuesto a la renta financiera a inversores extranjeros. Fueron ellos los que decidieron desarmar sus posiciones en Lebac y pasarse a dólares. Pero la magnitud sobrepasó lo que esperaban en el BCRA y el ministerio de Finanzas. Y terminó contagiando al resto de los activos en pesos y a los inversores locales. La suba de las tasas en Estados Unidos, con la consiguiente devaluación en monedas emergentes, fue un condimento adicional que aumentó el nerviosismo.

El error del impuesto a la renta financiera

En realidad, aplicar el impuesto a la renta financiera como prenda de cambio de la reforma tributaria resultó un error monumental. Sabiendo que el Gobierno precisa emitir deuda por más de USD 30.000 millones por año para financiar el gradualismo fiscal y que el sistema financiero debe crecer en tamaño para impulsar al crédito, aplicar un nuevo gravamen a quienes están dispuestos a solventar ambas necesidades resultó un verdadero tiro en el pie. Y la recaudación que se obtendrá por el nuevo tributo, para colmo, será ínfima.

El riesgo país volvió a niveles de 420 puntos básicos. Pero el Gobierno quiere recuperar esa fuente de acceso a dólares a través de la emisión de deuda para provincias y empresas. Sería clave para estabilizar el mercado cambiario.
Las pantallas de los operadores de cambio el viernes a la mañana eran elocuentes: grandes órdenes de compra de dólares por todos lados y nadie dispuesto a vender. En poco más de dos horas el Central tuvo que poner más de 900 millones, pero igual la cotización superó los $ 21. Ahí decidió subir tres puntos la tasa y acompañar con ventas a precios algo menores.

Detener la sangría de divisas fue al cierre de la semana la única preocupación del Gobierno. ¿Pero alcanzará con un dólar cerca de $ 21 y tasas al 30% para detener la sangría de dólares de estas últimas jornadas? Si la respuesta es negativa, seguirán intentando con tasas más altas. Pero se trata del objetivo primordial para la apertura del mercado el miércoles. Con un poco de suerte, si el mercado internacional se estabiliza puede resultar una ayuda importante.

Volver a la flotación cambiaria

El jefe de Gabinete, Marcos Peña, se ocupó de aclarar ayer que el objetivo es que el Central retome el régimen de flotación cambiaria. Lo insólito es que la orden de fijar el tipo de cambio a $ 20,50 a principios de marzo partió de esa misma oficina. Pero antes de permitir que el dólar flote, primero seguirán las intervenciones del BCRA para evitar que se siga disparando. Un nuevo salto de la divisa traería consecuencias negativas tanto sobre la inflación como en las expectativas económicas.

Mientras que la prioridad es cortar el drenaje de dólares, al mismo tiempo se buscará recuperar el acceso a los mercados financieros. Se tomó con preocupación en el equipo económico que Banco Ciudad y la provincia de Entre Ríos hayan suspendido las emisiones de bonos que estaban a punto de realizar en Wall Street. Y hay muchas otras colocaciones haciendo fila. La búsqueda de financiamiento es fundamental porque es uno de los principales canales de ingreso de divisas, ayudando a estabilizar el mercado cambiario.

Por eso se festejó la colocación de un bono por USD 500 millones colocado por TGS en Nueva York. De la mano de Marcelo Mindlin (también dueño de Pampa Holding), la distribuidora de gas pudo conseguir dinero fresco y a una tasa inferior al 7% anual en dólares, aún en medio del temblor cambiario. «La demanda llegó a USD 3.000 millones y eso demuestra que el apetito por activos argentinos sigue estando», se entusiasmaban en el ministerio de Finanzas al cierre de la semana.

Por lo pronto, la presión cambiaria también contagió a los bonos argentinos y el riesgo país trepó hasta los 420 puntos. Con estos niveles resulta casi imposible no sólo conseguir financiamiento vía emisión de deuda, sino llevar adelante los compromisos de inversión para el negocio de corredores viales. Una decena de grupos comprometieron inversiones por USD 6.000 millones, pero el grueso del dinero deberán ir a buscarlos al mercado. Hoy, sin embargo, suena casi a ciencia ficción.

Fuente: Infobae