Las monedas de cinco (y los dos ceros) que reclama Jorge

El recorrido del billete de $5 sirve para ilustrar lo que pasó en la Argentina devaluada.

06-08-2019 – No hay nada de monedas y la gente ya no quiere aceptar el billete de cinco pesos… Pregunto: ¿el banco no podría ir retirando los billetes de cinco sin decir nada? A las monedas no las ves ni por asomo, no valen nada, pero la gente las reclama”, dice Jorge, un quiosquero de años sobre la Duarte Quirós, plena zona de paradas de colectivos en la ciudad de Córdoba.

Esto es porque el Banco Central dispuso que, desde el 1° de agosto, los billetes de cinco pesos que ingresen a los bancos serán reemplazados por monedas plateadas, en un procedimiento que seguirá hasta el 31 de enero. Desde el 1° de febrero, perderán poder cancelatorio.

Pero, por seis meses, el billete seguirá funcionando como tal y no hay razones para rechazarlo.

El recorrido del billete de cinco sirve para ilustrar cabalmente lo que pasó en esta Argentina recurrentemente devaluada. En octubre de 1991, el decreto N° 2.128 puso en vigencia lo que se llamó la “línea peso”. Se fijó que los 10 mil australes serían un peso y un peso, un dólar. De un saque, la moneda de uno debutó en enero del ’92 arrancándole cuatro ceros al Austral.

Se pusieron 14 millones de billetes en circulación y 3,7 millones de monedas. De esos 14 millones de “papeles”, el 36 por ciento era de cinco pesos. Ocupaban el segundo puesto en el ranking, sólo superados por los de 50, que eran el 43 por ciento del total. Los de 100 eran marginales: 1,4 por ciento.

Un año llevó domar la inflación y 10 aguantó el uno a uno. Para la salida de Fernando de la Rúa había 365,1 millones de billetes (la economía había crecido y la acumulación de reservas en dólares permitió la emisión), de los cuales el 14 por ciento eran de cinco. El billete más repetido era el de 10 pesos, con 97,3 millones de “papeles” y el de 100, para ese entonces, ya representaba el 18,4 por ciento del total.

Crisis social, política y económica derivaron en una devaluación del 75 por ciento del peso en 2002 y la misma nominación de billetes siguió una década y media más. El kirchnerismo se resistió a imprimir un papel “más grande”, y era tal la saturación de la Casa de Moneda que tercerizó la impresión de los billetes de 100 en Chile y Brasil. Para diciembre de 2015 había 6.047,8 millones de papeles, de los cuales el 69 por ciento eran de 100. Los de cinco, sumamente deteriorados, representaban el 6,9 por ciento del total.

En junio de 2016, ya en la gestión Cambiemos, se emitió el de 500. Cuatro meses más tarde, debutó el de 200 y en diciembre de 2017 apareció el de mil. Era blanquear más de 10 años de inflación. Todavía faltaba el capítulo Macri en esta historia.

En septiembre de 2018 dejó de circular el de dos pesos, el primero en desaparecer desde el ’92. El cálculo público que hizo el por entonces presidente del Central Federico Sturzenegger era que imprimir un billete de dos pesos costaba 1,50 y, con una rotación promedio de 15 veces por año, a los 20 meses habría que cambiarlo.

Hoy hay 5.054 millones de billetes en circulación: siguen siendo mayoría los de 100, aunque con el 55 por ciento del total. Los nuevos “grandes” de 200, 500 y 1.000 representan el 17,4. Y los de cinco suman apenas el 10 por ciento. Alcanzan para comprar una fotocopia, una mandarina, un tornillo, dos caramelos o un chupetín de los baratos.

Pero hay consumidores que los reclaman en su vuelto. El problema surge con las monedas, ya que hay pocas: 8.820,7 millones de unidades. El 61 por ciento está “de hecho” fuera de circulación: valen más por el metal que por su poder de compra. Son las de cinco, 10 y 25 centavos. Las más numerosas son las de un peso, con el 20,5 por ciento del total. Las de dos, que llevan la figura del palo borracho, son 806 millones: el 9,1. Y las de cinco, que tienen el arrayán, son apenas el 0,5 por ciento del total, con 43,4 millones.

No está claro cómo el Central abastecerá de monedas al interior del país. Pero hay que saber que sirven seis meses más, aunque en su debut fueran cinco dólares y hoy apenas 10 centavos de dólar. Esa fue la depreciación del billete de cinco en casi 28 años. Para estar como en el arranque, tendríamos que sacarle dos ceros al billete. Otra vez. Lo hicimos otra vez.

Fuente: Laura  Gonzalez – La Voz del Interior