La soja y el fantasma de los 200 dólares por tonelada

La retención al complejo oleaginoso le quita competitividad a las aceiteras y desalienta el precio interno.

16-03-2019 – Hasta el momento, el productor argentino ha vendido 20,5 millones de toneladas entre trigo, maíz y soja.

En trigo, las ventas acumuladas llegan a 11,3 millones de toneladas de una cosecha estimada en 21 millones. En maíz lleva vendidas 7,4 millones de toneladas, de una cosecha potencial probable de 45 millones de toneladas, pero con un saldo exportable de maíz de 29 millones de toneladas.

Con este saldo exportable de maíz, la Argentina iguala a Brasil como segundo exportador mundial y vuelve a ser lo que era nuestro país 10 años atrás, cuando consolidó el segundo puesto detrás de los Estados Unidos.

Habrá presión de los exportadores por comprar maíz disponible en plena cosecha y habrá presión de los productores por vender el maíz, con una cosecha récord a la vista y con rindes que ya se confirman en el rango de 120 a 130 quintales por hectárea.

Habrá necesidad de espacio y almacenaje, ante la falta de lugar en los silos por el simple hecho de que el maíz logra rendimientos entre tres a cuatro veces mayores a la soja. El productor necesita, entonces, entre tres a cuatro veces más capacidad de almacenaje para maíz, con un costo mucho mayor al de almacenar soja. Y esta será la gran pelea del año: la exportación que necesitará maíz físico en plena cosecha y productores necesitados de vender el cereal por motivos de espacio y tener mayor liquidez.

Soja

En el caso de la oleaginosa, las ventas de los productores de la nueva cosecha llegan a solamente 1,8 millones de toneladas. La cifra equivale al 3,3 por ciento de un volumen de producción probable de 53 millones de toneladas.

Aquí hay que destacar que el productor ha decidido hacer caja con el trigo y con el maíz y dejará la soja para vender más adelante. A la espera de una suba que será difícil de concretar.

Entre el trigo y el maíz el productor ya lleva vendidas 18,7 millones de toneladas por un monto superior a los 3.300 millones de dólares.

Directamente influenciado por el plan impositivo del Gobierno respecto a las exportaciones agroindustriales.

Con el regreso de las retenciones y la implementación del “plan cuatro pesos”, ha vuelto a la Argentina la primarizacion de las exportaciones. Estamos ante un modelo que no solo no promueve las agroexportaciones sino algo mucho peor: ha destruido la generación de valor agregado y la competitividad de muchos sectores, entre ellos la industria aceitera, el sector que más divisas genera para el país.

Impuesto recesivo

En el tema del impuesto al aceite y la harina de soja, hay un error conceptual muy grave por parte del Gobierno. El sector solicita al menos que se baje a tres pesos por dólar el derecho de exportación, y el Gobierno admite que no quiere subsidiar a ningún sector. Pero el sector no pide al Gobierno que lo subsidie; está pidiendo que le quiten un impuesto distorsivo que se aplica en productos de mayor valor agregado. El sistema actual castiga al valor agregado, deja fuera de competencia al sector aceitero del mercado mundial y hasta del propio mercado interno, al no poder competir con los exportadores de soja grano.

Para poder competir, la industria debe pagar menos al productor; al pagar menos, el productor se resiste más a vender.

Al no haber una demanda genuina por parte del sector aceitero habrá una sobre oferta de soja al momento de la cosecha que provocará el colapso en el precio de la soja.

Sobre vuela el fantasma del precio de soja de 200 dólares la tonelada. A menos que suceda algo extraordinario en el mundo o en la Argentina que pueda revertir la tendencia que sugiere nuestro análisis.

Fuente: Pablo Andreani – Agrovoz