La presión impositiva, o cómo trabajar a pérdida

En el esquema actual, una pyme argentina soporta una presión tributaria del 106 por ciento de la ganancia neta.

14-01-2020 – Este fin de semana, el Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf) actualizó su tradicional medición de presión tributaria sobre los alimentos.

Los datos reflejan el impacto en el bolsillo del consumidor de la carga, que soportan los distintos eslabones de la producción, el transporte y la comercialización, una de las mayores del mundo.

Según el informe de la entidad que dirige el economista Nadin Argañaraz, 41,3 por ciento del precio que paga un consumidor por una canasta de alimentos y bebidas no alcohólicas va a parar a las arcas de los tres niveles del Estado: nacional, provincial y municipal.

Ese promedio encierra realidades diferentes: mientras los alimentos tienen un máximo de 41,9 de impuestos (con un piso de 26 por ciento para los pocos que siguen exentos de IVA), en las bebidas tienen un peso de entre el 45,4 y el 48,2 por ciento.

Los principales tributos que impactan en esta carga son el IVA, los gravámenes al trabajo, Ingresos Brutos y, en menor medida, Ganancias. También suman su granito de arena los impuestos internos, al “cheque” y las tasas municipales.

Producción recargada

Hay una percepción muy extendida de que lo que no se ve no existe. Y es, precisamente, de esta ilusión que se toman los distintos niveles de gobierno para gravar cada vez más la actividad económica en las distintas etapas sin que los ciudadanos lo noten; aunque lo paguen de todos modos.

Sucede que los mayores costos siempre se terminan cargando en el precio final de los productos o servicios que afronta el consumidor.

Argentina es una de las economías que más presión soporta en el mundo. En promedio, la carga fiscal de todo el sistema es similar a la de los países desarrollados y superior a la de las emergentes. Pero lo que más complica a la actividad productiva es que, al contrario de lo que sucede en otros lugares, el peso de los impuestos es soportado en mayor medida por el sector productivo y en menor parte por los individuos.

Un informe de Data Driven para Industriales Pymes Argentinos (IPA) advierte que “una pyme argentina que paga todos los impuestos, en promedio, da pérdida”. Es que la presión impositiva a la producción representa 106 por ciento de la ganancia neta antes de impuestos de una pequeña empresa.

En una muestra de 45 países (lista que incluye al 90 por ciento del PBI mundial y contempla a aquellos con los que hay relación comercial) relevados por la consultora con datos del Banco Mundial de 2017, Argentina es la que tiene la mayor carga tributaria sobre la producción (pese a no ser tan alta para los individuos). La diferencia es de más de 20 puntos porcentuales con el segundo, Bolivia.

Ese 106 por ciento es más del doble de la carga que soportan las empresas de Sudamérica (49 por ciento en promedio) o Brasil (65 por ciento) y supera con creces el 41 por ciento promedio de los países de la Ocde (los más desarrollados).

Con estos datos, no es de extrañar que la economía informal ronde 40 por ciento en Argentina. Y tampoco que la inversión en las últimas décadas nunca llegue a un nivel que permita un crecimiento sostenible del producto bruto ni del empleo.

Las señales de los últimos dos años, incluidas las medidas del nuevo Gobierno, dejan claro que el sistema tributario argentino apunta más a satisfacer las necesidades fiscales estatales que a incentivar el desarrollo en el mediano plazo.

Fuente: Paula Martinez – La Voz del Interior