La anatomía vacuna y los «cortes populares»

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

28-01-2021 – Al carnicero del barrio le depositan sobre su mostrador una media res. Con precisión de cirujano no la destroza, sino que la troza, a la espera de los clientes. ¿Su objetivo? Haber vendido todos los trozos cuando cierre el negocio. ¿Su instrumento? El nivel, y sobre todo la estructura, de los precios que pretende cobrar por cada corte. Ningún carnicero necesita graduarse en economía, o prestarle atención a las disposiciones de la Secretaría de Comercio, para saber que los precios de los «cortes populares» son inferiores al del lomo.

Un gobierno le puede ordenar a los fabricantes de autos que sólo produzcan «modelos populares», pero no les puede ordenar a los ganaderos que críen vacunos formados por gigantescas carnazas y pequeños lomos. Lo cual implica que la estructura de precios existe naturalmente, pero no se la puede forzar sin generar consecuencias.

Las cadenas de supermercados tienen más opciones que los carniceros de los barrios, pero tampoco pueden hacer milagros. En una ciudad formada por dos barrios, en uno de los cuales viven los ricos y en el otro los pobres, un supermercado puede enviar los cortes populares a este último, y el resto al primero. Es decir, pueden afectar la distribución pero no la oferta total ni su composición.

¿Qué harán las autoridades cuando encuentren que a los precios acordados para los cortes populares, la cantidad demandada supera a la ofrecida? Hablar mal de la mamá de los oferentes, prohibir la exportación de cualquier corte, como hicieron Néstor Carlos Kirchner y Guillermo Moreno, y también declarar «populares» a todos los cortes, generando una nueva fase del ciclo ganadero, que luce fantástica en el corto plazo, hasta que aparece la necesidad de recomponer el stock de ganado.

Leen mal a Milton Friedman quienes piensan que, en cualquier circunstancia, para frenar la inflación lo único que tiene que hacer el Gobierno es dejar de emitir. Pero tampoco nos pasemos del otro lado y pensemos que el aumento de la oferta monetaria no tiene ningún impacto sobre el aumento del nivel general de los precios y, peor aún, que se pueden «pisar» algunos precios, para evitar mayores aumentos de la tasa de inflación, sin que aparezcan mayores subsidios, desabastecimiento, etc.

¿Podrá el Gobierno llegar con el «vamos viendo» hasta las elecciones? Solo Dios lo sabe. No estaría mal que dentro del equipo económico alguien esté pensando qué hacer, por si no llegan.

Fuente: La Nación