Por qué es irresponsable extender la cuarentena

Nadie propone volver todo a como estaba antes de la irrupción del virus, pero sí al menos no tomar medidas que agraven sustancialmente una economía que ya se iba a ver golpeada de todas formas

10-04-2020 – “Si el dilema es la economía o la vida, yo elijo la vida”, declaró el presidente Alberto Fernández, sobre uno de los temas que más debate genera en este tiempo.

Se trata, sin embargo, de un falso dilema.

Es que la vida y la economía muestran una correlación directa. Allí donde los países tienen mejores economías, mayor es la esperanza de vida.

Es decir, donde más se produce, donde más se crea riqueza, mejor es el ingreso de sus ciudadanos, quienes pueden costearse una mejor calidad de vida, incluyendo, por supuesto, el acceso a una buena salud.

Por no reconocer esta realidad, sin embargo, el Gobierno se concentra solamente en uno de los riesgos generados por la pandemia del Covid-19: el de colapso en el sistema sanitario.

Para evitar que el sistema de salud se sature, sostienen los expertos, hay que achatar la curva de contagio, con lo cual es necesario imponer el máximo distanciamiento social posible, cuya versión extrema es la cuarentena total que el presidente decretó el 20 de marzo.

Dicha cuarentena fue extendida hasta este domingo, pero recientemente Fernández adelantó que el lunes la medida continuaría, y que el gobierno sería “más estricto” aún con los controles.

En este contexto, sugerir que tan drástica medida deba flexibilizarse es tildado de irresponsable. “¿Cómo vas a echar todo por la borda?”, “¿Cómo vamos a exponer la salud de la gente permitiendo que todo vuelva a la normalidad?”

No obstante, lo irresponsable no es abandonar la cuarentena, sino seguir sosteniéndola sin ninguna flexibilización. Es que, vamos, nadie propone volver todo a como estaba antes de la erupción del virus, pero sí al menos no tomar medidas que agraven sustancialmente una economía que ya se iba a ver golpeada de todas formas.

Argentina no puede darse el lujo de tener la mitad de su capacidad productiva frenada por decreto. Hay 35,5% de personas en el país cuyos ingresos no son suficientes para alcanzar la canasta básica: ¿con qué ahorros van a consumir durante estos días en que son obligados a quedarse en su casa?

Algunos dirán que el Gobierno puede otorgarles un subsidio, no solo a las personas, sino a las empresas que las emplean, para que éstas no quiebren. Pero realmente: ¿con qué recursos? Antes del coronavirus Argentina luchaba por no pagar su deuda, porque a las tasas vigentes era incapaz de refinanciarla. ¿Quién nos va prestar para pagar el nuevo gasto?

La respuesta hasta ahora fue la emisión monetaria del Banco Central. Pero ocurre que en un país sin moneda, esto impone el riesgo de un descalabro macroeconómico de proporciones. “Ah, pero a eso ya estamos acostumbrados”, dirán algunos necios.

No es responsable continuar frenando por decreto toda actividad económica y creer que podemos actuar como Estados Unidos, emitiendo dólares y duplicando el déficit fiscal.

Lo razonable es flexibilizar la cuarentena. Permitir que la gente vaya a buscar su propio sustento en la actividad productiva que se lo permita. Las clases pueden seguir dándose a distancia, y recitales y eventos deportivos podrían realizarse sin público, pero hay que flexibilizar las restricciones sobre la construcción, la industria y el comercio.

Como medida para evitar que esto funda definitivamente a más empresas, se podrían reducir impuestos y aplazar su pago, pero al mismo tiempo habría que reducir salarios del sector público, de manera de no agrandar el déficit fiscal.

Por último, lo más importante es continuar el aislamiento de los adultos mayores, quienes según las estadísticas objetivas, son el grupo con más riesgo de vida frente a la enfermedad.

Lo anterior no es un plan completo de acción, sino solamente algunas ideas para encontrar un equilibrio.

El objetivo es proteger la salud de los grupos de riesgo y la supervivencia del sistema sanitario, pero no a costa de destruir la economía lo que también afectará negativamente la vida y la salud de todos.

Fuente:: Ivan Carrino – Infobae