Fuerte suba de la recaudación, ¿buena o mala noticia?

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

04-03-2021 – Quienes le prestan atención al hecho de que, sin reservas ni posibilidades de endeudamiento, el déficit fiscal se financia con emisión monetaria, encontraron muy auspicioso que entre febrero de 2020 y febrero de 2021 la recaudación impositiva, aduanera y previsional total hubiera aumentado 51,9%. Bien por encima de la tasa de inflación interanual.

Mientras que para quienes consideran que en la Argentina 2021 la presión fiscal ahoga a la porción del sector privado que no tiene más remedio que operar en el segmento formal, el referido resultado fiscal fue una pésima noticia.

¿Quién tiene razón? Ambos, porque las dos perspectivas son válidas. ¿Se imagina este nivel de gasto público sin recaudación? Pero también, ¿se imagina qué le está ocurriendo a la inversión, con baja rentabilidad y pobrísimas expectativas de mejora?

La desagregación de la recaudación total por tipo de gravamen es importante para conjeturar lo que puede estar ocurriendo con el nivel de actividad económica y también con el futuro de algunas partidas de gastos públicos.

Entre febrero de 2020 y de 2021 la recaudación por derechos de exportación se triplicó, y por derechos de importación aumentó 82%. Luce circunstancial, es decir, insostenible, porque no se abrió la economía o algo parecido.

La recaudación del IVA (DGI) aumentó 31,4%, sustancialmente por debajo, no sólo del aumento de la recaudación total, sino también de la tasa de inflación interanual. Esta recaudación está muy vinculada al nivel de ventas.

En tanto que la recaudación de seguridad social, tanto por aportes personales como por contribuciones patronales, aumentó 27%. Este dato es importante, no solamente como indicador de la evolución de los niveles de empleo y remuneraciones en el sector formal de la economía, sino porque es una de las variables con las cuales se ajustan las jubilaciones y pensiones.

¿Y el gasto público doctor?, me pregunta más de uno, cuando me refiero a la recaudación. Como contribuyente impositivo, me encantaría que fuera reducido y seguramente que hay mucha tela para cortar sin afectar los servicios que presta el Estado. Pero como analista no tengo más remedio que considerar la reducción del gasto público como una sorpresa agradable. La Gloriosa Revolución inglesa de 1688 consagró el siguiente principio: sólo pueden votar los impuestos quienes los pagan. Dicha revolución está cada día más lejos, no solamente en el sentido del calendario.

Fuente: La Nación