Estructura económica: ¿diseño o resultado?

Por Juan Carlos de Pablo - Economista
13-08-2020 – En 2019, 18,7% del PBI total fue generado por la industria manufacturera; 14,5%, por el comercio; 9,3%, por el agro, y 4,4%, por el sector financiero. ¿En qué medida esta distribución sectorial se debió a las múltiples intervenciones estatales, y en cuál al esfuerzo y la asunción de riesgos realizados por millones de argentinos, cuyos resultados fueron agregados con propósitos estadísticos?

No me gusta hacerles perder su tiempo a los lectores, así que no voy a plantear un debate principista, y menos conspirativo, sobre «Estado versus mercado». Lo que sigue surge de más de medio siglo de seguir cotidianamente la política económica argentina, y en particular de cómo las diferentes políticas distrajeron las energías de los empresarios.

Notable cantidad de compatriotas exprimen sus cerebros para imaginar qué debe hacer el Estado para que los empresarios produzcan más del producto X y menos del Y; más los pequeños empresarios y menos los grandes; más los ubicados en la provincia H y menos los residentes de la provincia M, etc.

Para estos ingenieros sociales la estructura económica óptima deriva del diseño gubernamental, que está en manos de funcionarios bien intencionados, muy capaces, poseedores de toda la información necesaria y poderosos equipos de computación.

Con el mayor de los respetos, ¿cuántos empleados tiene el Ministerio de Economía; cuántos el Banco Central? ¿Cuántos más piensan contratar para llevar adelante esta tarea?

Mi propuesta es exactamente la contraria: en materia regulatoria, y de elaboración de información para solicitar autorización para hacer cualquier cosa, lo mejor que puede hacer el Estado es deshacer parte de su avance. Esto no es ideología, sino dejar que los empresarios se concentren en su labor, sin distraerlos.

Es trágico que en la Argentina, cuando un empresario está por decidir la compra de una máquina, o el cambio de un proceso productivo, consulta más a su contador y a su abogado que a su ingeniero.

La neutralidad en política económica es lo que verdaderamente impulsa el espíritu empresario; mientras que la discrecionalidad invita a los empresarios a estar tan ocupados en conectarse con las autoridades, que no les deja tiempo para trabajar, es decir, para pensar en sus clientes, sus proveedores, en sus empleados y obreros, etc.

Mejor Estado permitirá aflorar a los verdaderos empresarios y oxidar a los seudoempresarios. Sin esto es imposible crecer, pero en serio.

Fuente: La Nación