Empleo: qué pasará en el corto y en el largo plazo

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

09-06-2019 – El Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) acaba de informar que entre marzo de 2018 y de 2019 disminuyó la cantidad de trabajadores registrados, es decir, los que aportan al sistema de seguridad social. Al mismo tiempo, cada tanto se publican terroríficas monografías en las que se sugiere que en el futuro los robots van a eliminar el trabajo humano, lo que generará una tasa de desocupación de 100% de la fuerza laboral. Lo primero es un hecho; lo segundo, una conjetura. ¿Hay relación entre ambas cosas?

Sobre el tema conversé con el norteamericano Alan Benneth Krueger (1960- 2019), quien estudió en Harvard y enseñó en Princeton, además de presidir el Consejo de Asesores Económicos del presidente Barack Obama. Se especializó en economía laboral. En 1994, con David Card, analizó el comportamiento de 410 locales de comida rápida, ubicados en Nueva Jersey y Pensilvania. Y encontró como conclusión, contra lo que se esperaba, que el aumento del salario mínimo no había afectado al empleo. Otra investigación lo llevó a concluir que los terroristas no son criminales empobrecidos, sino que provienen de familias con buenos ingresos y educación. Se suicidó, como Barbara Rose Bergmann, Alan Coddington, Friedrich List, Karl Schlesinger y Henry Calvert Simons.

-Entre marzo de 2018 y de 2019 el stock de trabajadores registrados disminuyó en la Argentina en 268.300 personas, equivalentes a 2,2% del total.

-El dato entristece pero no sorprende, por la caída en la actividad económica que se produjo durante el mismo período. A propósito: la totalidad de la disminución se verificó en el sector privado, dado que, por el contrario, el número de empleados públicos aumentó en 4000 personas. La mala lectura de estos datos es: «Qué lastima que el 100% de los asalariados no se desempeña en el sector público, porque así no habría desempleo».

-Cuando se piensa en las perspectivas del empleo, es importante diferenciar el corto del plazo.

-Así es. Recuérdese que en el sector privado la demanda de empleo depende del nivel de actividad, pero también del costo laboral y de los riesgos que corre quien contrata los servicios laborales de otro ser humano. El dueño de un restaurante no va a tomar más mozos si piensa que con los que tiene puede atender bien a los clientes que espera recibir, pero tampoco lo va a hacer si lo que tiene que abonar por todo concepto no le alcanza con los mayores ingresos. Y menos aún si detrás de cada nuevo mozo ve el fantasma de un costosísimo juicio laboral.

-Una cosa no es sustituto de la otra.

-Exacto. Pensar que una inhumana reforma laboral, que les quite todos los derechos a los trabajadores, desde el punto de vista de generar empleo puede sustituir la falta de crecimiento de la economía es no pensar. Pero crecimiento sin bajar los costos y los riesgos de la relación laboral puede generar más horas extras que aumento en la dotación de personal.

-Esto en el corto plazo. Mirando a más largo plazo aparece el fantasma de robots que desplazarán por completo la demanda de servicios laborales de los seres humanos.

-Este tipo de temores existe desde que el mundo el mundo. En sus comienzos, la Revolución Industrial generó el Luddismo, movimiento que, tras diagnosticar que el problema estaba en la invención de las máquinas, pretendió solucionar el problema rompiéndolas.

-Cierto, pero, como bien explicó Joseph Alois Schumpeter, el cambio tecnológico crea y destruye.

-Lógico. ¿A quién se le ocurriría inventar una máquina más pesada que las que existen, que consumiera más energía, ocupara más mano de obra y produjera mercaderías de peor calidad que las existentes? Toda nueva máquina ahorra algo.

-¿Y entonces?

-La respuesta correcta a un cambio tecnológico es la adaptación de las energías empresarias y de las habilidades laborales. Una vez que se entiende esto, el panorama de largo plazo es optimista.

-¿De dónde saca esto?

-Hoy trabaja más gente que hace 50, 100 o 200 años. Solo que se ocupa de cosas diferentes. En la época de Adam Smith el grueso de la población trabajaba en los campos; hoy, una ínfima parte de la fuerza laboral produce mercaderías primarias o manufacturas. El resto genera servicios, y todo indica que esto va a continuar.

-¿Qué implicancias tiene esto?

-Que la educación tiene que ocuparse más de los principios generales que de las técnicas. Porque estas últimas se oxidan, mientras que los primeros son permanentes.

-Deme un ejemplo.

-Cuando la información ingresaba a las computadoras mediante tarjetas perforadas, en su país miles de personas tomaron cursos de perfoverificación. Si lo único que aprendieron fue eso, hoy son desocupados tecnológicos.

-¿Qué hay que enseñar, entonces?

-A solucionar problemas, no determinado problema. Problemas siempre va a haber, por lo cual hay que desarrollar una actitud que permita enfrentar situaciones nuevas. Es lo que usted hace en sus cursos, cuando frente a cada situación a sus alumnos les plantea la siguiente secuencia: los hechos, la calificación del problema, la explicación causal y la solución. La educación formal no tiene que limitarse a preparar a los alumnos para el mundo laboral, también tiene que aportar a su desarrollo personal.

-Don Alan, muchas gracias.

Fuente: La Nación