El último dato no marca tendencia, pero importa más que los anteriores

Los que toman decisiones miran la información, que siempre se refiere al pasado, buscando pistas sobre el futuro

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

03-04-2022 – En la Argentina, en el plano inflacionario veníamos “acostumbrados” a tasas de 4% mensual y por eso le prestamos particular importancia al 4,7% verificado en febrero último. Las estimaciones privadas sugieren que la tasa de inflación de marzo de 2022 fue mayor aún. ¿Estamos delante de una espiralización de la tasa de inflación? Al respecto: ¿qué importancia tienen el último dato y los anteriores en la formación de las expectativas y las decisiones?

Sobre el tema entrevisté al holandés Hendrik Samuel Houthakker (1924 – 2008), quien en la Segunda Guerra Mundial durante ocho meses vivió escondido en la casa de una familia católica, luego de escapar de la Gestapo. Estudió en su país natal y en Inglaterra. A comienzos de 1952 emigró a Estados Unidos y enseñó econometría en Harvard, entre 1960 y 1994. Obtuvo la prestigiosa medalla John Bates Clark. Conoció la Argentina, invitado por la Asociación Argentina de Economía Política.

-Usted es judío y entabló una estrecha amistad con un católico muy calificado…

-Así es. Tanto mi esposa (la filósofa polaca Anna Teresa Tymieniecka) como yo nos hicimos amigos de Karol Wojtyla antes de que el entonces cardenal se convirtiera en el papa Juan Pablo II. A raíz de lo cual organicé un encuentro con un grupo de economistas y el Sumo Pontífice, previo al lanzamiento de la encíclica Centesimus annus.

-La profesión lo conoce, principalmente, por la generalización que realizó al enfoque de preferencia revelada planteado por Paul Anthony Samuelson.

-En uno de sus primeros trabajos, publicado en 1938, Samuelson mostró que era posible derivar la curva de la demanda de un producto sin utilizar el concepto de la utilidad que su consumo le produce al demandante. Así nació el enfoque de preferencia revelada, basado en la toma de decisiones que realiza cualquier ser humano consistente al enfrentar diferentes precios del producto en consideración.

-¿Cuál fue su aporte?

-Él analizó el caso de dos bienes. En 1950 mostré que, cuando existen más de dos bienes, hay que modificar parcialmente el análisis, para lo cual diferencié entre los axiomas débil y fuerte de la preferencia revelada. La monografía, de manera instantánea, se convirtió en un clásico. Con la generosidad que lo caracterizó hasta casi el final de sus días, Samuelson dijo: “Rara vez envidio una monografía ajena, pero ojalá el punto que planteó Houthakker se me hubiera ocurrido a mí”.

-En cualquier serie de tiempo, como la evolución temporal del PBI, la inflación o el balance comercial, ¿qué importancia tiene el último dato para formar expectativas?

-Dividamos la cuestión en dos partes: la utilización del último dato como indicador de una tendencia y la importancia del último dato con respecto a los anteriores por parte de alguien que consulta las estadísticas para tomar decisiones, que siempre son prospectivas.

-Adelante.

-Teorizar sobre la base del último dato, y particularmente encontrar una tendencia comparando el último dato con el anteúltimo, es muy común entre periodistas y entre dirigentes políticos. Pero en economía es muy poco profesional. Quien esté interesado en el futuro de cualquier variable, lo primero que tiene que graficar es su pasado. Ejemplos: 20 años en los casos del PBI y el balance comercial, una década en el de la tasa de inflación.

-¿Qué surge de dichos gráficos?

-Estancamiento con fuertes oscilaciones en el caso del PBI. En efecto, el aumento de 10,3% del PBI en 2021 se entiende mejor cuando se aprecia que vino después de la caída de 9,9% verificada en 2020. El gráfico del bitcoin de los últimos instantes probablemente muestre fuertes oscilaciones, mientras que el de los últimos años señala que dichas oscilaciones ocurrieron dentro de una tendencia creciente.

-¿Cuán extrapolable es la tendencia pasada hacia adelante?

-Si yo lo supiera, sería rico. Pero aquí viene la otra cuestión que usted planteó, la de la importancia que tiene el último número con respecto a los anteriores, siempre al servicio de las decisiones.

-¿Qué me dice?

-Con la misma fuerza que digo que un dato no es suficiente para insinuar una tendencia, sostengo que en economía el último dato es más importante que los anteriores. Porque hay inercias, hay dinámicas. En el caso de la tasa de inflación argentina, el 4,7% verificado en febrero pasado es un registro más importante que el promedio de 2021, y ni qué decir el de los últimos 10 años. Esto, sumado a los datos que surgen de las estimaciones privadas referidas a marzo último, pusieron la inflación al tope de la preocupación de los argentinos.

-¿Preocupación sólo por la tasa de inflación?

– No, también por la imagen que la población tiene del actual Gobierno. La Argentina es un país presidencialista y personalista, por lo cual, cuando la población observa un Poder Ejecutivo debilitado y no creíble, y encima con individualidades en el área económica que no forman un equipo, tiene razones objetivas para preocuparse.

-En materia de lucha contra la inflación tenemos mucha experiencia.

-Así es. Ustedes saben casi todo: cómo generar una inflación, cómo acelerarla y cómo frenarla de golpe. Lo que todavía no aprendieron es a mantener los éxitos iniciales de los programas antiinflacionarios. Pero, desde el punto de vista de la actualidad, planes como el Austral, de 1985, y de Convertibilidad, de 1991, muestran dos requisitos indispensables para reducir fuertemente la tasa de inflación: un gobierno creíble y un equipo económico idóneo; y, lamentablemente, hoy ustedes carecen de ambas cosas.

-¿Se viene una hiperinflación, como se insinuó a comienzos de 1976 y se verificó durante el segundo trimestre de 1989?

-A ciencia cierta, no hay cómo saberlo. Dada la sensibilidad que ustedes tienen al respecto, por lo que han vivido, más que decir que sí o que no, corresponde plantear el siguiente interrogante: ¿Cómo cambiaría su comportamiento si viniera? En particular, hoy, ¿dejaría de fabricar o no vender?, ¿cargaría en sus precios una tasa de interés que incluyera la hiperinflación?

-No.

-Así es, porque si lo hiciera, no vendería una sola unidad del producto que fabrica y la clave de cualquier empresa está en fabricar y vender, no en desabastecer. Esto no quiere decir que ustedes, argentinos, no vivan atentos a las novedades: los quioscos y los comercios están abiertos y venden, pero con la radio o la TV encendidas; no sea cosa que el comprador cuente con información que el vendedor ignora y se ensarte.

-Pero si, por desgracia, se desata una hiperinflación, adquiere una velocidad inusitada.

-Esta es otra faceta de las hiperinflaciones, como documentan todas las estadísticas actuales. Pero no se distraigan, ya bastantes problemas tienen con los problemas existentes.

-Don Hendrick, muchas gracias.

Fuente: La Nación