El problema de no querer hacer un ajuste económico integral

Por el Cr. Gustavo Peretti

En estos días, de post elección, se debaten mucho las reformas impositiva y laboral en nuestro país; con muchos matices y un gran limitante que es el elevado déficit fiscal que el estado nacional y los estados subnacionales muestran en sus cuentas públicas.

Es en este sentido, que se trata de reducir el impacto de impuestos distorsivos como por ejemplo los son ingresos brutos y sellos, tratando de compensar su recaudación con el incremento de impuestos patrimoniales como por ejemplo lo es el impuesto inmobiliario, tanto sea urbano como rural.

Dicho esto, no se encara una reforma fiscal integral que contemple una real baja de la presión tributaria, sino que se cambia el sujeto y el objeto del cobro de los tributos, o sea se traslada parte de la presión tributaria de un sector a otro, pero lejos está de pensarse en una reducción significativa del gasto público que permita alivio a la porción de la población que debe hacer frente a una importante retracción de sus ingresos para seguir sosteniendo a una ineficaz burocracia estatal.

Del mismo modo, se habla de una reforma y un blanqueo laboral de los empleados del sector privado, pero nada se dice de reformar los estatutos y convenios que rigen la relación laboral del sector público, de manera de que si se da la reforma laboral del sector privado, la brecha entre los ingresos y beneficios de los trabajadores del sector público y del sector privado, será aún mayor.

Es por todo lo anterior que desde mi punto de vista si la Argentina quiere ser un país sustentable, debe encarar una reforma estructural de su sector público y del gasto que genera; lo cual significa encarar una reforma laboral integral de su planta de empleados, comenzando por modificar estatutos y convenios anacrónicos para nuestros tiempos, planificar una reducción gradual de su gasto social, que implique el traslado de planes sociales a empleos formales y una reducción sustantiva de la burocracia estatal para facilitar la acción del sector privado en sus actividades empresarias y en la contratación de nuevos empleados.

Una reforma tributaria no significa cambiar un impuesto por otro, sino de reducir el peso del sector público sobre el sector privado, para que este pueda generar mayor ahorro, que se integre a la economía a través de la inversión productiva.