El drama del decisor: tener más objetivos que instrumentos

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

25-06-2020 – En 1969, Ragnar Frisch y Jan Tinbergen compartieron el Premio Nobel de Economía, por explicarles a quienes tienen a su cargo una familia, una empresa, un club deportivo o una nación que el éxito requiere más instrumentos que objetivos. Punto importante porque, en general, quienes tienen que adoptar decisiones se proponen demasiadas cosas, dadas las herramientas con las que cuentan.

Es lo que, en estas horas, le ocurre al presidente de la Nación. Porque tiene presente el número de equipos de terapia intensiva con los cuales hay que enfrentar no solo el coronavirus, sino también otras dolencias, las consecuencias económicas de la pandemia y la cuarentena, así como el hartazgo que genera el tiempo que ya llevamos «cuarentenados». Y como el cazador que tiene una sola bala y los pajaritos no se le alinean, no cuenta con muchos instrumentos.

Es una tontería pensar que, con habilidad, se puede evitar el drama planteado; no lo es pensar que, dependiendo de cómo se hagan las cosas, el problema puede aumentar o disminuir. Al respecto, cabe plantear sugerencias decisorias y de comunicación.

En el plano decisorio, después de haberlos escuchado, el Presidente tiene que alejarse de sus asesores. Porque el proceso decisorio se ejecuta en inevitable soledad, y en este campo lo único que hacen los asesores es aumentarle los miedos al decisor, y no es precisamente lo que este necesita.

Tiene que ser exigente, por ejemplo, con que le expliquen cuál es la relación causal entre alguien que corre en Palermo y alguien que se contagia en La Matanza; tiene que saber que es una locura pretender que para cada cosa haya que pedir autorización y esperar a que algún funcionario se digne otorgarla, y también, que la importante economía informal tiene sus propias reglas y que lo que no se flexibiliza por derecha se termina flexibilizando por izquierda.

En el plano comunicacional, ya que tiene que anunciar malas noticias, es fundamental que escriba y lea un texto; que le muestre lo que piensa decir a alguien que no tema señalarle errores, exageraciones o chicanas, y que anuncie las decisiones sin dictar cátedra. También es importante que aparezca solo; porque pedirle a Axel Kicillof que no eche leña al fuego es como pedirme a mí que use corbata.

Ya bastantes problemas tenemos con los problemas; de quienes ejercen responsabilidades ejecutivas dependen la cuantía, la duración y la intensidad de las dificultades.

Fuente: La Nación