El crédito para el consumo acumula en 23 meses una caida de casi el 40% real

El derrumbe de la tasa de interés de referencia del BCRA (del 63 al 40%) se trasladó muy lento a los préstamos al consumo. En cambio, en adelantos para empresas, la tasa bajó mucho más rápido.

Sin embargo, la abrupta baja en tasas de interés de referencia, que pasó de 63% al inicio del Gobierno de Alberto Fernández al 40% anual, en poco más de 70 días, no alcanzó para generar un repunte en el crédito al consumo, que incluye préstamos personales, prendarios y tarjetas de crédito.

El mes próximo se cumplirán 2 años desde el inicio de la contracción del crédito al consumo, que ya acumula en 23 meses una caida de casi 40% en términos reales (descontada la inflación).

El Gobierno de Fernández intenta quebrar está tendencia pero no le está siendo fácil.

En enero los préstamos al consumo crecieron a la par con la inflación (2,3%).

Sin embargo, en la primer mitad de febrero las líneas de crédito al consumo caen un 5,9%, respecto de enero (nominal). De consolidarse el dato, con una inflación estimada en 3% para febrero, implicaría una nueva caída de 8,6% en términos reales.

Por caso, pese a que venía recuperándose durante tres meses consecutivos (noviembre, diciembre y enero), el financiamiento con tarjetas de crédito (por el pago del mínimo del resumen), marca un descenso del 10,7% en la primer quincena de febrero respecto de enero.

Uno de los motivos de esta evolución del crédito es que la baja de la tasa de Leliqs (tasa de política monetaria del BCRA) no se tradujo en una baja en las tasas activas, la tasa de los préstamos. Ni en su magnitud , ni en la velocidad de reacción.

Por ejemplo, la tasa de interés de préstamos personales (entre el 10/12 y el 14/02) bajó de 72,8% anual (promedio de bancos) a 65%, sólo cayó 7,8 puntos. Mientras que la tasa de referencia de la política monetaria cayó de 63% a 44% . Es decir, 19 puntos porcentuales. Esta semana, como se dijo, bajó otros 4 puntos adicionales, al 40%.

Tampoco la tasa de interés en tarjetas de crédito reaccionaron de manera proporcional a las bajas en la tasa de referencia del Banco Central. Hasta la semana pasada, el costo financiero para tarjetas de crédito rondaba entre 80%/90% anual en los bancos oficiales y en algunas entidades privadas superaba el 200% anual (como es el caso del Banco Hipotecario, con el 224% anual). Semejantes niveles de tasa generaron la reacción del propio Alberto Fernández, que presionó al Banco Central para apurar un tope a las tasas de financimiento en tarjeta de crédito, que fue fijado a partir de marzo en el 55%.

Dicho tope refleja la preocupación oficial porque las tasas de los préstamos al consumo y las tarjetas capten efectivamente el descenso en el costo del crédito, desahoguen financieramente a las familias y contribuyan a impulsar el consumo.

A diferencia de lo sucedido con las tasas del crédito para el consumo (bajan muy lentamente), las tasas de adelantos en cuenta corriente a las empresas lo hicieron mucho más rápido: entre el 10 de diciembre y el 14 de febero pasado, se redujeron en promedio del 59,2% al 44,4%. Un descenso de 15 puntos porcentuales, más parecido a la evolución del rendimiento de las Leliqs.

De hecho, el stock de adelantos en cuenta corriente mostró en lo que va de febrero una recuperación significativa: 8,8% nominal.

El titular del Central muestra urgencia para bajar la tasa de interés. Como se dijo ya la bajó dos veces en una semana y acumula un recorte de 23 puntos desde que asumió el nuevo Gobierno.

El riesgo de esta política, orientada a impulsar el consumo, es que si no se recrea la confinanza termine desequilbrando otros frente: el tipo de cambio, el dólar paralelo y la inflación.

Sin cepo, la gestión Macri abusó del uso de tasas de interés elevadísimas durante un año y medio para tratar de frenar la corrida cambiaria y anclar el dólar, en especial durante la campaña electoral, con el costo de profundizar una larguísima recesión.

Con cepo, la prioridad ahora del titular del Banco Central es bajar la tasa de interés para expandir el crédito y reactivar el consumo interno. Pero esta estrategia convelleva riesgos, si no se recupera la confianza y se liberan cada vez más pesos, que en vez de ir al crédito para el consumo, terminan ampliando la brecha de los dólares alternativos con el oficial.

Fuente: Maximiliano Montenegro – Plan M