El campo debe abogar por un tipo de cambio competitivo en lugar de una baja en las retenciones

Por el Cr. Gustavo Peretti

24-05-2018 – Mucho se habla en estos días acerca de la necesidad de revisar las retenciones del campo con el objetivo de alivianar el déficit fiscal del estado.

En tal sentido es preciso afirmar que lo que marca la rentabilidad del sector son dos cosas

1º) Un precio internacional de los comodities alto; y

2º) Un tipo de cambio real competitivo.

De nada sirve tener retenciones bajas si el tipo de cambio está atrasado; esto es así por que una vez que el atraso cambiario supera el porcentaje de disminución de las retenciones; el productor ingresa en zona de pérdida en términos de costo de oportunidad entre uno y otro instrumento económico, así como también de poder adquisitivo de la producción obtenida.

Es decir si el tipo de cambio acompaña a la inflación, se mantiene el poder adquisitivo del precio del comodity, en cambio si esto no se da, por más que se reduzcan las retenciones si el tipo de cambio no evoluciona de acuerdo a las variaciones de los precios y queda atrasado, se pierde competitividad y la balanza comercial se deteriora.

Además un tipo de cambio y un nivel de retenciones altos le permite tener rentabilidad al sector agropecuario y le genera recursos al estado para amortiguar el déficit fiscal.

Si analizamos un poco esto es lo que le generó el colchón de recursos necesarios al gobierno de Kirchner para salir de la crisis del 2001; en tanto que al ser positivo el tipo de cambio utilizado le generó buena rentabilidad al sector, sirviéndole al estado como dinamizador y motor del resto de los sectores económicos del país.

Si el precio internacional de los comodities es alto, es preferible para el sector y para el país un tipo de cambio alto y un nivel de retenciones altos; en tanto que se debe bajar las retenciones si el precio internacional de los comodities baja, para compensar la caída del precio en dólares sin necesidad de subir tanto el tipo de cambio. Un esquema de retenciones móviles con los límites necesarios sería óptimo en este sentido, ya que actuaría como regulador del sistema.

Por otro lado, recién podría comenzar a hablarse de una reducción de las retenciones una vez superada la situación de déficit fiscal del país, en tanto y en cuanto la reducción del gasto público pueda ser sostenible en el tiempo, y el estado pueda prescindir del endeudamiento externo para financiar el excedente de gastos por sobre sus ingresos, ya que ello le aseguraría la mantención de un tipo de cambio competitivo debido a que el BCRA no tendría que comprarle dólares al tesoro nacional proveniente del endeudamiento, circunstancia que aprecia la moneda del país con la consecuente pérdida de competitividad.