Dilema oficial: plan electoral o estrategia de Guzmán

Por Maximiliano Montenegro - Economista - Periodista

26-01-2021 – En el arranque del 2021, la estrategia del Gobierno en lo económico se empieza a “contaminar” con el objetivo electoral.

En las últimas semanas el Gobierno envió señales que aumentan las probabilidades de un escenario en donde Alberto Fernández  busque “atajos” -medidas de corto plazo- para llegar a octubre. Y guarde las correcciones de los desequilibrios macroeconómicos  (fiscales, cambiarios, monetarios y tarifarios) “debajo de la alfombra” al menos hasta después de las elecciones.

Así, el oficialismo podría mostrar una economía en recuperación, con el consumo interno subiendo (más alla del “rebote” estadístico por el año base desastroso de 2020) y recuperando parte del empleo perdido por la pandemia y la extensa cuarentena.

Obviamente, para cumplirse este escenario, es clave no sufrir un nuevo shock devaluatorio en el medio del camino y que la pandemia de coronavirus no devenga en una segunda ola más agresiva que obligue cerrar nuevamente la economía.

Si opta por este rumbo, lo más probable es que el Gobierno ajuste más el “cepo cambiario”“atrase” el dólar oficial (respecto de la inflación) especialmente en los meses previos a las elecciones, posponga las actualizaciones de tarifas de servicios públicos, aumente los programas de “Precios máximos” e incremente fuertemente el gasto en obra pública.

La pregunta es para cómo y cuándo cierra en este esquema el acuerdo con el FMI.  Sobre todo porque dicho acuerdo es condición necesaria (no suficiente) para preservar la estabilidad cambiaria que tanto requiere el Gobierno para un buen desempeño electoral.

Claramente, esta estrategia eleva los riesgos de un ajuste “por las malas” con una devaluación desordenada en el medio de camino.

Además, en este estrategia hay 2 limitaciones fuertes respecto del año pasado.

Por un lado, la economía difícilmente “tolere” otra mega-emisión de pesos adicional de 2 billones de pesos para cubrir el déficit fiscal como en 2020. Otro “desborde monetario” podría disparar aún más la brecha cambiaria (actualmente de 80% respecto al “dólar blue”), acelerando la inflación y poniendo en juego la recuperación económica de 2021.

Por otro lado, las reservas netas en el BCRA ya no son u$S 11.500 millones como en diciembre de 2019. Sino que sólo quedan u$S 4.400 millones en las arcas del Banco Central, incluyendo unos U$S 3.800 millones en oro.

Es decir, el “poder de fuego” para contener las presiones devaluatorias es muy escaso (ver gráfico). De ahí que si se postergara el acuerdo con el FMI en un contexto de disparada de las expectativas de devaluación, un cepo cada día más duro sería el único instrumento disponible, a diferencia del año pasado en el que el Banco Central vendió una gran cantidad de reservas para garantizar la estabilidad del tipo de cambio oficial.

EL CAMINO DEL FONDO

En el equipo del ministro de Economía Martín Guzmán insisten en que el acuerdo con el FMI sigue siendo una prioridad y que el objetivo es cerrar un acuerdo a más tardar en abril.

Una negociación “exitosa” con el FMI podría ofrecer un “ancla” de expectativas. Lo cual permitiría, al menos, estabilizar la brecha cambiaria, evitando así seguir sacrificando bonos de ANSES y el BCRA para contener a los “dólares alternativos” y disparando el riesgo país.

Un punto clave en la discusión con el FMI es la “corrección en el dólar oficial”, que en Fondo pretende como parte del  programa económico y del objetivo de acumulación de reservas del Banco Central. Obviamente, siempre es mejor que esa corrección ocurre en el marco de un programa que ancle las expectativas y que de manera desordenada, pero es difícil que el Gobierno esté dispuesto a aceptar el traslado a precios que significaría cualquier ajuste del tipo de cambio oficial, aún en el mejor escenario, en un año electoral.

Legar a un acuerdo con el Fondo Monetario le exige, además, al Gobierno  mostrar un plan de mediano plazo con un sendero de convergencia fiscal y de reducción de la emisión monetaria en una economía en la que sobran pesos y hay cada vez menos dólares.
Cerrar un acuerdo con el FMI en medio de una campaña electoral sería una experiencia inédita, sobre todo dado el relato político de los 12 años previos de kirchnerismo. Sólo los riesgos que enfrenta la economía argentina en 2021 podrían llevar a asumir ese costo político e inclinar la balance en esa dirección.

Pero no está claro que Guzmán logre imponer su visión frente a la idea de Cristina de que los grados de libertad de la políltica económica son siempre mayores a las restricciones que plantean los economistas.

El descongelamiento de las tarifas de servicios públicos sería un punto de inflexión en ese sentido. En el esquema de “ajuste fiscal” que diseño Guzmán, el aumento de tarifas de servicios para “congelar” el monto de subsidios económicos (en 2020, crecieron 106% llegando a casi 700.000 millones, 2,6% del PBI) es fundamental para alcanzar la meta de reducción de déficit fiscal primario del 6,5% en 2020 a 4,5% o menos en 2021.

Pero no será sencillo para el ministro que esa medida avance sin obstáculos frente al kirchnerismo duro, como contracara de un acuerdo con el FMI, en plena campaña electoral y tras registros inflacionarios en el primer trimestre del año (de entre 3 y 4%) que seguirán adelantándose a los salarios.

Si las expectativas empeoran, en todo caso, el Gobierno deberá definir la diyuntiva de acelerar el camino hacia el Fondo o profundizar la estrategia favorita del kirchnerismo: cepo total, más intervenciones para asegurarse las divisas del comercio exterior, más controles de precios y dejar los ajustes (cambiario, monetario y fiscal) para después de octubre.

Fuente: Plan M