Dicen que Dios se fascina con su pueblo rezando: pidamos por Hernando

27-09-2020 – Los artistas nos escriben a un montón de gente que quizás nunca se enteren de que los escuchamos, nos componen sus canciones para hacernos más fáciles esos momentos que hay que describir pero que no tenemos palabras, o si las tuviéramos, tal vez, no tendrían su retórica y su melodía. Esas historias personales que se funden con las de muchas otras personas en el mundo porque hablan de diversos sentimientos que a todo ser humano, en diversos momentos nos embargan.

Trato de poner en pausa por un instante, mi ser periodista que nos caracteriza por informar y aportar datos que sean relevantes en la vida de una sociedad, porque de alguna manera, a veces necesitamos conectarnos con ese costado más emocional que tenemos las personas, y mientras escucho la 95.3TX-FM suena Ricardo Arjona con uno de sus temas y aunque la canción sigue su curso, me detengo en una de sus estrofas.

“Minutos, son la morgue del tiempo; cadáveres de momentos que no vuelven jamás”, dice en el tema “Minutos”, una canción que habla del desamor de una relación de pareja que se ha terminado, y que quién diría, que, a ese mismo enunciado, podríamos aplicarlo para definir esto, que, de una u otra manera, a todos nos está pasando. ¿Quién no ha sentido este año que se le pasa la vida gastando el reloj?

Un año de esfuerzos que se van multiplicando a medida que pasa el tiempo, en un 2020 que es lo más parecido a un laberinto, en un nivel de complejidad insospechado. Aparentemente no hay fórmulas certeras, ni brújulas, ni GPS para salir de esta situación agobiante y sin precedentes. Un 2020 que no para de echar sal en la herida.

Desde mi función en los medios, puedo observar de cerca que cada uno está haciendo al máximo lo humanamente posible. Y cada uno de nosotros sentimos que estamos en la misma. No hace falta que nadie lo diga, es comunicación no lingüística, es expresión de ojos cansados. Ya no sabemos a quién exigirle más de todo. Se me viene a la mente, mientras escribo esto, que hay una frase que dice: “Has lo posible y Dios hará lo imposible”.

Encomiendo a Dios que nos ayude más que nunca y nos alivie de todo esto que está pasando. Encomiendo a Dios, desde mi humilde lugar de creyente, a toda la gente de nuestro querido Hernando, a nuestros profesionales de la salud, a nuestras autoridades, a nuestros religiosos, a nuestros trabajadores, a todos, a absolutamente todos.

Apelo a los que creen en Dios que nos unamos en oración. Es un momento donde más que nunca necesitamos creer en los milagros, creer en Dios, en que está para nosotros.

En mi transcurrir de la licenciatura en periodismo, que tuve la gran satisfacción de hacerla en la Universidad Católica de FASTA, me encontré enamorada de Teología, la más importante de todas las ciencias por su objeto de estudio que es Dios, la cual sólo puede ser entendida y estudiada a la luz de la fe; en ella analizamos mucho sobre el bien y el mal. Y sobretodo nos enseña que Dios siempre quiere el bien para su pueblo, su creación.

Hoy siento que lo humanamente no alcanza, hoy necesitamos más que nunca de Dios.

Pongamos en sus manos, los corazones afligidos que se quedaron en sus casas esperando que la pandemia pasara para estar con su ser querido, pero que ya falleció.

Pongamos en sus manos, a todos los que ya se enfermaron y luchan por curarse, a los que ya venían peleando por sus vidas con otras enfermedades y también se les sumó este virus.

Pongamos en sus manos, a todos nuestros abuelos, por su bienestar general.

Pongamos en sus manos, a las embarazadas y a los niños por nacer; esperanzas de vidas nuevas.

Pongamos en sus manos, la salud de los que nos cuidan de una u otra manera, y que reniegan todos los benditos días de sus vidas para salvar a alguien más.

Pongamos en sus manos, a aquellos que se volvieron “rebeldes y unos constantes delincuentes” solo por querer ir trabajar o apenas trabajar un rato más.

Pongamos en sus manos, a los que son objeto de crítica, porque no se acostumbran a este inusitado momento de la historia.

Pongamos en sus manos, a nuestros hijos, para que primero tengan salud en abundancia, pero para que también puedan tener educación.

Pongamos en sus manos, lo que cada uno esté necesitando solucionar en este momento, sea el pedido que sea, pongámoslo en sus manos.

Y pongamos en sus manos, también, nuestra alegría, necesitamos de la risa, del volver a abrazar, del compartir.

Pongamos a nuestro querido Hernando, en esas benditas manos de nuestro Padre Dios.

Dicen que Dios se fascina tanto con su pueblo rezando, que es capaz de cumplir cualquier pedido. Que así sea.

Lic. Silvina Tissera

Comunicadora Social-Periodista