Déficit fiscal vs crecimiento

Hay una falsa noción de que la reducción del déficit fiscal trae recesión y que intentar ajustar el Estado es malo para la actividad económica. Para salir de este error, simplemente imaginemos que pasaría si no hubiese déficit fiscal.

En primer lugar, la inflación estaría bajando muy rápidamente o no existiría.

En segundo lugar, la entrada de capitales actual que hoy está siendo destinada a bonos del Gobierno, estaría fluyendo hacia el sector privado. Los fondos internacionales estarían buscando masivamente títulos de deuda privados, acciones o cualquier otro activo financiero que las empresas locales pudieran emitir.

En estas condiciones, habría financiamiento para casi cualquier proyecto de inversión de grandes o pequeñas empresas que hoy están peleando por sacarlos adelante. Eso, necesariamente crearía nuevos empleos, nueva infraestructura, nuevos comercios, nuevas fábricas, etc. O sea, más crecimiento.

En el 2016, ingresaron capitales a la Argentina por casi u$s 29.000 millones y todo se lo llevó el Sector Público para poder financiar el déficit fiscal. En el 2017, esto mejoró un poco. En los primeros nueve meses del año pasado, ingresaron al país u$s 31.000 millones, de los cuales el sector público se llevó u$s 26.000 millones y solamente u$s 5.000 millones terminaron en los bancos para el otorgamiento de crédito y/o compra de Lebacs.

Los inversores financieros globales, quieren invertir en Argentina porque entienden que la economía está cambiando de dirección y que ese cambio podría llevar a una mayor generación de riqueza y naturalmente quieren ser socios de ese proceso.

Sin embargo, hay que tener en cuenta que a la hora de invertir tienden a ir a buscar el camino más sencillo. Esto es, buscan activos bien líquidos y un deudor conocido que reduzca el costo de research y de análisis crediticio. Es por ello que los bonos públicos suelen ser la primera opción, además el Estado está dispuesto a tomar deuda en dólares, aunque no exporta nada, garantizando el repago esto solo con su poder de policía. De hecho, la renta de los títulos públicos en dólares suele ser también la tasa de menor riesgo local.

Invertir en el sector privado, implica tomar más riesgos. La liquidez de los activos es menor, los proyectos son todos diferentes, hay que analizar cada uno de ellos, etc.

Por eso cuánto más deuda toma el Estado, menos fondos se destinan al sector privado y menos líquidos se vuelven los activos financieros privados y por lo tanto, más difícil resulta el financiamiento y ello reduce la capacidad de repago.

Por el contrario, si no hubiese déficit fiscal hoy habría u$s 30.000 millones al año de fondos destinados a proyectos de inversión privados. Con ese volumen de fondos las grandes empresas podrían financiar a sus proveedores más pequeños que también podrían y deberían desarrollar sus propios proyectos de inversión.

Con ello crecería el empleo y los salarios, la actividad económica generaría mayor recaudación, lo que permitiría bajar los impuestos, pagar más jubilaciones y hacer más obra pública. Todo lo cual mejoraría la rentabilidad de los negocios y trayendo más inversiones, más empleo, más salarios, etc. O sea, un círculo virtuosísimo de crecimiento y desarrollo. Todo por no tener déficit fiscal.

Fuente: Fauto Spotorno – El Cronista