Cavallo: sería bueno que el gobierno anuncie un plan integral de Estabilización y Desarrollo

En 2017, la tasa de inflación fue de entre el 22% (medida por PriceStats en base a la evolución de los precios de los bienes y servicios que se comercializan en mercados libres) y el 24% (medida por INDEC en base al índice de precios al consumidor, que incluye los bienes y servicios con precios regulados).

Esta tasa de inflación se ubica entre el porcentaje de incremento del gasto primario del sector público nacional (que fue del 22,1%) y el porcentaje de incremento del gasto total (que fue del 26,5%). Estas cifras se pueden observar en el Cuadro 1, que a su vez las presenta desagregadas por grandes rubros del presupuesto.

Esta estrecha relación entre el incremento del gasto público y de la tasa de inflación no debe sorprender dado que el Gasto público representa más del 40% del Producto Bruto Interno y por lo tanto es un buen predictor del incremento del ingreso nominal. A su vez, el incremento del ingreso nominal se divide entre la tasa de aumento de los precios (es decir, la tasa de inflación) y la tasa de crecimiento del PBI a precios constantes. Si el ingreso nominal creció alrededor del 26,5% y el PBI a precios constantes alrededor del 3%, la tasa de inflación tiene que haber sido del orden del 23,5%. Es decir, dentro del rango establecido por las dos medidas de la tasa de inflación mencionadas en el primer párrafo.

Para 2018 el presupuesto aprobado por el Congreso Nacional plantea un incremento del gasto público total del 16,6% y un incremento del gasto primario del 15,1%. Si el gobierno logra mantener el gasto dentro de estos límites, es perfectamente posible que la tasa de inflación se ubique en torno al 15%, tal como se ha fijado como meta para la política monetaria.

Teniendo en cuenta que la meta de inflación que el gobierno ha anunciado para 2018 es consistente con el incremento proyectado del gasto público nacional y que además la ley de responsabilidad fiscal establece que las provincias no pueden aumentar el gasto por arriba de la tasa de inflación, el gobierno cuenta ahora con los ingredientes esenciales de un plan de estabilización.

Sólo faltaría que explicite cómo hará para que los agregados monetarios, el precio del dólar y la tasa de interés de intervención del Banco Central sean también consistentes con la meta del 15%. En mi post anterior expliqué cómo deberían conducirse la política monetaria y el manejo de la deuda pública para asegurar esta consistencia.

Cuando haga estos anuncios, tendrá todas las herramientas capaces de influir sobre la inflación esperada por empleadores y trabajadores, de tal manera que los aumentos salariales del sector privado se acuerden en porcentajes semejantes a los presupuestados para el sector público (alrededor del 16%), a alcanzar con ajustes trimestrales del 4,5% por el primer trimestre, del 4% por el segundo, 3,5% para el tercero y 3% para el cuarto, con una cláusula gatillo de aplicación trimestral si es que la tasa de inflación resulta superior al aumento salarial del trimestre.

Para quienes conocemos la historia de la inflación y de los planes de estabilización de nuestro país, es difícil de entender por qué el gobierno no da un paso adicional en la dirección de demostrar que tiene un plan de estabilización integral, al que, si además lo acompaña con un explicitación de las reformas estructurales que tiene planeada para cada sector de la economía real, incluidos, por supuesto, los planes específicos para reducir el gasto público como porcentaje del PBI, puede darle un contenido sustantivo a la hasta hoy demasiado imprecisa fórmula del “reformismo permanente”.

Fuente: Blog Dr. Domingo Cavallo