Álvarez: «El ajuste va a ser largo y no tenemos un buen récord sosteniendo estas políticas»

En una nueva edición de las entrevistas con economistas, el titular de Analytica sostiene que tras el acuerdo con el FMI "la Argentina está sujeta a un nuevo set de condicionalidades que acotan la discrecionalidad gane quien gane" las elecciones.

09-01-2019 – El año electoral trae incertidumbre respecto al rumbo que podrá tener la economía en función de quién resulte electo, sin embargo, para el economista Rodrigo Álvarez, a partir del acuerdo con el FMI, “la Argentina está sujeta a un nuevo set de condicionalidades que acotan la discrecionalidad gane quien gane”. Aunque estima que se deberá encarar una administración de los pasivos para estirar los plazos, “sobre todo el repago del stand by del FMI”.

El CEO de la consultora Analytica, advierte que el “proceso de ajuste va a ser largo” y plantea su temor respecto a si la sociedad está dispuesta a mantener esta conducta. Respecto a los aspectos positivos señala que, a pesar del deterioro, aun la Argentina “continúa entre los países con mejor distribución del ingreso de la región”.

El escenario internacional se presenta para Argentina con algunos riesgos, entre ellos, Álvarez expone sus dudas respecto al desenlace del Mercosur bajo la nueva administración del Brasil.

Periodista: ¿Cuáles son los factores que explican la desconfianza sobre la Argentina? Rodrigo Álvarez: En 2016 se encaró un proceso de crecimiento con pilares desequilibrados: gradualismo fiscal, ortodoxia monetaria y un rojo creciente en el frente externo, que fueron sostenidos con crédito e ingreso de capitales financieros. El contexto para emergentes cambió, la holgura financiera a nivel global se agota y los inversores se vuelven mucho más selectivos. El acuerdo con el FMI compró tiempo pero las dudas de mediano plazo persisten. Se resumen en la capacidad de generar ganancias de competitividad sin apelar a la devaluación y a la solvencia del sector público nacional en el mediano y largo plazo.

P.: ¿Cuáles son las principales debilidades económicas de la Argentina? R.A.: Se sintetizan en el acortamiento del horizonte de negocios. La destrucción de valor que dejó 2018 ha sido muy grande, y el inversor quedó resentido. Además, entramos en la recta final electoral en la que la polarización entre macrismo y kirchnerismo es también una polarización entre modelos económicos que no logran confluir en una síntesis que despeje el horizonte. Es cierto que, a partir del acuerdo con el FMI, la Argentina está sujeta a un nuevo set de condicionalidades que si bien restan autonomía en el diseño de la política económica acotan la discrecionalidad gane quien gane. El proceso de ajuste va a ser largo y no tenemos un buen track record sosteniendo este tipo de políticas.

P.: ¿Cuáles son las principales fortalezas económicas de la Argentina? R.A.: La principal es la distribución del ingreso, la salud y la educación pública. Independientemente de la decadencia del Estado de bienestar en los últimos años, la Argentina continúa entre los países con mejor distribución del ingreso de la región. Es un factor fundamental porque permite un mejor punto de partida para plantear una estrategia de desarrollo sostenible. La capacidad de adaptación es otro activo clave. Si se alinean los incentivos adecuados, los empresarios y las familias reaccionan rápidamente. Es un catalizador en la recuperación pero juega en contra cuando se instala la desconfianza, porque la fuga de recursos es violenta.

P.: ¿Cuáles son los principales riesgos internacionales que pueden complicar a la Argentina? R.A.: Para una economía relativamente pequeña y expuesta a los flujos de comercio e inversión, los cambios en el escenario global son determinantes. En particular aquellos que condicionen los flujos financieros hacia países emergentes. Hacia adelante, la Argentina deberá encarar una administración de sus pasivos para estirar los plazos, sobre todo el repago del stand by del FMI y dependerá nuevamente del apetito por riesgo local. Dentro de los aspectos favorables se destaca un contundente apoyo de G20 a la gestión de Macri que se plasma en un abultado paraguas financiero del FMI.

En ese sentido, la calma global derivada del acercamiento de los EEUU con China juega a favor. El levantamiento de los aranceles impuestos en el marco de la guerra comercial entre estas potencias podría volver a elevar los precios de materias primas y con ello mejorar nuestras exportaciones. Sin embargo, esta calma luce transitoria, el ojo de la tormenta en medio de tensiones entre dos potencias que vislumbran una desaceleración de su crecimiento y entran en una fase proteccionista, al tiempo que disputan entre sí la hegemonía económica.

El otro foco de riesgo es el desenlace del Mercosur bajo la nueva administración del Brasil. El escenario luce aperturista en un contexto global proteccionista, por lo que algunos sectores vinculados al comercio con ese país se pueden resentir.

Fuente: Liliana Franco – Ambito Financiero