Ahora, la meta oficial es que el dólar suba para evitar otro «efecto Tequila»

La baja de la tasa de interés fue un claro mensaje de que no se desestimulará la demanda de divisas. Tanto en el equipo de Prat Gay como en el Banco Central afirman que la flotación cambiaria es lo mejor para enfrentar la incertidumbre global y que no les disgustaría un billete verde más caro

Parecía una pelea entre dos bandos irreconciliables. El apego de Federico Sturzenegger a las btasas de interés (para reducir la inflación) frente al reclamo de Alfonso Prat Gay por bajarlas (para que un menor costo del dinero ayude a reactivar la economía) lucían como dos posturas imposibles de amigar.
En medio de esas posturas encontradas ocurrió lo impensado, de la mano de la irrupción de Donald Trump: cuando todo el mercado descontaba que la tasa iba a mantenerse invariable, el titular del Banco Central sorprendió a todos, incluido al mismísimo Prat Gay, anunciando una baja adicional de medio punto.
La sorpresa fue mayor porque ocurrió luego de una semana que trajo malas noticias en el frente inflacionario.
De manera que los analistas del mercado leyeron el mensaje entrelíneas de esa decisión: surgió una nueva prioridad, que es la de empujar el dólar hacia arriba.
El valor del billete verde, que estaba en $15,22 la noche del triunfo del republicano, cerró este miércoles en $15,75.
La pregunta que surge a partir de la última decisión del BCRA es clara: ¿será que el cambio en el escenario internacional sirvió para que ambos funcionarios se pusieran de acuerdo sobre cuál pasa a ser ahora la prioridad?
¿O será, como escribió Jorge Luis Borges en su poema «Buenos Aires», «no los une el amor sino el espanto?». De ser así, ¿cuál sería ese «espanto»?
En principio, aparece un primer indicio sobre los motivos que llevaron a Sturzenegger a reducir el costo del dinero, pese a que las noticias sobre la inflación no fueron buenas.
Concretamente, se trata de evitar que la Argentina quede «presa» del atraso cambiario y que éste dé lugar a una nueva crisis, tal como ya ha sucedido en tantas otras oportunidades de la historia reciente.
Tras la irrupción de Trump, sería una actitud de «miopía» decidir sobre el precio del billete verde en el mercado interno sin ver lo que está sucediendo fronteras afuera.
En este sentido, el hecho de que los países de la región se hayan embarcado en otra carrera devaluatoria parece haber sido la clave para una mayor «sintonía» entre el Palacio de Hacienda y la autoridad monetaria.
Por primera vez desde que Sturzenegger se hizo cargo del Banco Central, en la baja que propició para la tasa de interés no tuvo en cuenta la dinámica inflacionaria sino, principalmente, el comportamiento del dólar.
El mercado claramente observó un cambio de prioridades en el banquero central.
Así como en otros momentos tuvo más en cuenta cuestiones como el combate contra la inflación, o el cambio en los precios relativos, ahora la principal alarma pasa por otro lado.
Concretamente, en evitar que el tipo de cambio quede anclado en un nivel tal que aísle a la Argentina de sus socios comerciales y que esto haga que se profundice la recesión.
De hecho, muchos ya han comenzado a recordar los coletazos del «efecto tequila» de 1995 cuando, desde México, se disparó un efecto dominó de devaluaciones en la región.
Argentina, que en aquel momento estaba aferrada a su rígido sistema de convertibilidad, fue el único país que no depreció su moneda. Y esto lo pagó con una recesión profunda y un desempleo récord.
Ante una consulta de iProfesional, un integrante del equipo económico lo dice con todas las letras: «Nos gustaría que el precio del dólar se ubique un poco más alto todavía».
A los funcionarios no les gusta hablar de un valor determinado, pero en el diálogo queda claro que en el Palacio de Hacienda ahora prefieren una cotización incluso algo por arriba de los $16.
Desde la vereda del Banco Central, uno de los directores -que pide reserva de identidad- se expresa en igual sentido: «Ante la incertidumbre global, lo mejor es la flotación cambiaria. Es nuestro gran amortiguador ante la volatilidad externa».
En resumen, donde antes había divergencia de opiniones (con Sturzenegger privilegiando la baja de la inflación y Prat Gay el crecimiento) ahora hay una preocupación en común.
Concretamente, la de evitar que el atraso cambiario les juegue una mala pasada en plena incertidumbre financiera global.

¿Devaluación o revaluación?

Luego de conocerse el triunfo de Trump se observó un fortalecimiento del dólar a nivel global (refugio de los inversores por excelencia).
A la vez, las monedas de varios países con los que comercia la Argentina experimentaron fuertes debilitamientos:
-Peso mexicano: cotizaba a 18,30 por dólar antes de la victoria del republicano. Trepó a hasta los 21 hacia fines de la semana pasada para finalizar ayer a $20,30 (Devaluación del 11%).
-Real: pasó de 3,16 a 3,43 entre el martes 8 y ayer, tras alcanzar un máximo de 3,45. (Devaluación del 8,5%).
-Peso argentino: pasó de 15,22 a 15,75, luego de tocar los 15,80 (Devaluación del 3,5%).
Estos números son los que han llevado a los funcionarios a un cambio drástico en las prioridades.
Si antes del «Efecto Trump» existía consenso entre los economistas de que la Argentina tenía su tipo de cambio otra vez atrasado, estos últimos movimientos de las divisas no hicieron más que consolidar ese escenario.
Por cierto, se trata de un contexto muy perjudicial para una economía que intenta salir de la recesión.
Para tener idea sobre de cuánto este «nuevo atraso», un par de ejemplos:
-Si el dólar en la Argentina hubiese seguido los pasos en México, la paridad tendría que haber llegado a $16,90. (Es decir, $1,15 por encima del último cierre).
-Si, en cambio, imitaba el recorrido del real brasileño, tendría que estas cotizando en $16,50 en el mercado doméstico.
Para el ministro de Hacienda, México y Brasil le ponen una referencia ineludible a la paridad cambiaria en la Argentina.
Recién a partir de considerar la evolución de las diferentes divisas podrían discutirse medidas alternativas para que la economía gane en competitividad.
Por lo pronto, Prat Gay está convencido de que el tipo de cambio tiene que seguir subiendo para que el peso argentino acompañe lo que está sucediendo en el «vecindario» tras la victoria de Trump.
Cree, además, que ante el cambio de contexto es la única manera de reactivar la economía. Y que la forma de dar cumplimiento a este objetivo es recurriendo a una agresiva baja de las tasas de interés.
Es cierto que en la tarde del miércoles, en el Palacio de Hacienda estaban conformes con la actitud del Banco Central. Pero también es verdad que no afirmaban que «Sturzenegger se quedó corto» con la baja de la tasa de referencia.
Prueba de ello, confiaban cerca de Prat Gay, es que la cotización del dólar lejos de elevarse tras la medida, se mantuvo estable.
En diálogo con iProfesional, un miembro del equipo económico comparte sus argumentos ante el nuevo escenario, expuestos en estos 10 tips:
1. «El miedo a una mayor inflación asociado con una suba el dólar ahora es muy exagerado».
2. «La economía recién se está estabilizando luego de una dura recesión y no hay margen para incrementos adicionales de precios, ya que la demanda no los convalidaría».
3. «En este momento, el tipo de cambio es un factor secundario para provocar un repunte del índice inflacionario».
4. «Una de las virtudes de la flotación cambiaria, con metas de inflación como «ancla» inflacionaria (en vez del dólar como era antes), es que se reduce el riesgo de que un alza del billete verde se traslade a precios».
5. «La inflación empieza a estar más influenciada por las condiciones domésticas de la economía que por las variaciones que pueda tener la divisa estadounidense».
6. «En estos meses se ha ganado mucha credibilidad en la pelea contra los incrementos de precios. Sin embargo, hay quienes ven como una virtud que haya una sobredosis de esa credibilidad».
7. «Lo anterior sucede porque se olvidan de contabilizar los costos que trae para la economía el mantener una alta tasa de referencia» (esto, en obvia alusión a Sturzenegger).
8. «Puede haber otras formas de bajar el índice inflacionario sin tener que enarbolar como única bandera el sostenimiento de los tipos de interés.
9. «Toda América Latina ha logrado progresivamente bajar la influencia que genera en los precios un alza del billete verde».
10. «Precisamente esto último es el concepto de soberanía monetaria que nosotros iniciamos y queremos lograr y que ningún otro Gobierno se animó a construir».
En este marco, un ministro provincial -con buena relación tanto con Sturzenegger como con Prat Gay- coincide en que «ha llegado el momento de ser menos cautelosos».
Él es de los que cree que ahora hay que apretar el acelerador para lograr la tan ansiada reactivación.
«El Central se pasó de rosca. Si la inflación futura ya está en el 18% anual, la tasa de referencia no puede ubicarse ocho puntos más arriba», afirma a iProfesional.
«Sturzenegger hace mal en atarse a las opiniones del REM (Relevamiento del BCRA entre 50 consultoras y bancos de la city). Todos sabemos que esas estimaciones carecen de rigor. Debería despegarse», añade.
Un director del BCRA, en diálogo con iProfesional, hace hincapié en las metas inflacionarias y deja en claro que las diferencias entre las dos líneas internas del Gobierno lejos están de ser superadas completamente.
Expresa que «los celos por mantener la independencia del organismo están intactos».
«Sturzenegger es alérgico a que lo vinculen políticamente con el Ejecutivo. Típico de la Argentina pendular: después de años de contaminación política en el Banco Central, ahora se busca el efecto contrario», aclara.
Hay quienes ven con cierto recelo el cambio de prioridades. Uno de ellos es el economista Hernán Hirsch, quien advierte que «se percibe un debilitamiento del compromiso antiinflacionario por parte del Banco Central».
En este sentido, teme que sus autoridades puedan sufrir una pérdida importante de credibilidad en caso de no llegar a la meta prevista del 17% para 2017.
Otro especialista, Salvador Di Stéfano, considera que al Gobierno le costará ver al billete verde cotizando en alza y lo adjudica a la «lluvia de dólares», que estacionalmente trae el blanqueo.
Expresa que la «Fase 1», que consiste en el sinceramiento de efectivo, acercará unos u$s8.000 millones. Y que el régimen total mostrará entre u$s60.000 a u$s80.000 millones.
Claro que la mayor parte de esos fondos podrían quedarse en el extranjero. Por el «castigo» impuesto por el Gobierno ingresarán u$s8.000 millones. Sin embargo, a ojos del Di Stéfano, resultarán suficientes para que el tipo de cambio se mantenga amesetado.
Por lo pronto, el titular de Hacienda y el BCRA -ahora en tándem- buscan modificar la dinámica económica aprovechando el incipiente cambio en el escenario regional.
Es un paso para nada despreciable. En especial cuando las cosas no salen tal cual lo previsto.

Fuente: Infobae Profesional