¿Qué nos enseña el análisis de la oferta y la demanda?

Por Juan Carlos de Pablo - Economista

12-01-2020 – Si a un loro le enseñamos a repetir oferta y demanda, lo que tenemos es un economista», afirmó George Bernard Shaw, integrante de la Sociedad Fabiana, agrupación socialista fundada en Londres, en 1884, por Beatrice y Sidney Webb. Más allá de la ironía, el esquema es tan potente que cualquier economista al que le plantean alguna cuestión microeconómica comienza su respuesta trazando las correspondientes curvas de oferta y demanda.

Al respecto, conversé con el inglés Alfred Marshall (1842-1924), quien estudió en Cambridge, donde enseñó hasta 1877, cuando se casó con su exalumna Mary Paley. Debido a las reglas de celibato que debían observar los profesores, se trasladó a la Universidad de Bristol, regresando a Cambridge en 1885, cuando eliminaron la referida restricción y el repentino fallecimiento de Henry Fawcett generó una vacante. Lo consulté porque en Principios de economía, cuya primera edición fue publicada en 1890, popularizó el análisis simultáneo de la oferta y la demanda, cuya versión gráfica no ubicó en el texto sino en notas a pie de página.

-¿Cómo describió su personalidad su alumno John Maynard Keynes, en el obituario que publicó inmediatamente después de su fallecimiento?

-Dijo textualmente: «Durante toda su vida, Marshall tuvo breves períodos de intensa concentración, combinados con falta de poder de concentración durante el resto del tiempo. Era demasiado meticuloso en su búsqueda de la precisión y también para la concisión de su expresión, para resultar un escritor fluido. Trataba siempre de escribir libros grandes, pero no tenía facilidad para hacerlo. Era consciente de su superioridad frente a sus contemporáneos. Estaba demasiado preocupado con estar equivocado, era demasiado susceptible a la crítica, y se enfadaba rápidamente frente a la controversia, aún en asuntos de poca importancia. El análisis económico mundial habría progresado más rápidamente, y la autoridad e influencia de Marshall habrían sido mucho mayores, si su temperamento hubiera sido diferente. Además, estaba demasiado ansioso por hacer el bien. Alguna vez dijo que si pudiera nacer otra vez, estudiaría psicología». En 1998, Peter Diderik Groenewegen publicó mi biografía «definitiva».

-Describa, sin representarlo, el gráfico de oferta y demanda de un bien cualquiera.

-En un gráfico de dos dimensiones, en el eje horizontal medimos cantidades y en el vertical, precios. En una economía cerrada, la curva de la demanda tiene pendiente negativa, para reflejar que solo se podrá vender mayor cantidad si baja el precio; y la curva de la oferta tiene pendiente positiva, porque los costos marginales son crecientes. La curva de demanda que enfrenta el panadero de la esquina surge de sumar la cantidad que cada cliente quiere comprar, a determinado precio; la curva de oferta que enfrentan los consumidores de pizza surge de sumar lo que cada pizzero está dispuesto a fabricar y a vender, a determinado precio.

-¿Por qué dijo en una economía cerrada?

-Porque en una economía abierta, a las curvas de oferta y demanda locales hay que sumarles las internacionales. Que en el caso de un país pequeño en el concierto internacional, son rectas horizontales, que reflejan que difícilmente las mayores o menores compras de celulares que realicen los argentinos afecten su precio mundial; como es también poco probable que una mayor cosecha local de trigo disminuya el precio mundial del producto.

-Utilicemos este herramental para pronosticar cuál puede ser la respuesta de la población frente a medidas gubernamentales.

-Comencemos por el impacto de los derechos de exportación. Salvo que los exportadores argentinos logren trasladar el impuesto a los importadores extranjeros, cosa que dudo, un gráfico de oferta y demanda muestra que el aumento del referido impuesto reducirá el precio que recibirán los exportadores, y por consiguiente el que obtendrán los productores. El menor precio interno de los productos exportables reducirá el volumen exportado, por menor producción y mayor consumo local. No se entiende cómo el actual gobierno subió las retenciones a las exportaciones y piensa que aumentarán las exportaciones.

-Otra aplicación.

-Tomemos el caso de un impuesto a la venta de un producto. Como bien enseñó Arnold Carl Harberger, en este caso hay que introducir una «cuña» entre las curvas de oferta y demanda, cuya altura es la alícuota del impuesto. Un gráfico de oferta y demanda muestra que, en el caso general, aumenta el precio del producto que incluye el impuesto, disminuye el precio neto del impuesto, y caen tanto la cantidad producida como la vendida del bien en cuestión.

-¿Cómo se puede utilizar el herramental para conocer el impacto de los congelamientos de algunos precios en un contexto inflacionario?

-Como dije, en el eje vertical se miden los precios. Pensemos en el precio de determinado bien, dividido el nivel general de los precios. El congelamiento del precio de dicho bien, en un contexto inflacionario, implica la reducción paulatina de la curva horizontal que indica el nivel congelado del precio en cuestión, en términos reales. Pues bien, el análisis sugiere que el congelamiento generará exceso de demanda, porque aumentará la cantidad demandada y disminuirá la cantidad ofrecida, dando lugar a desabastecimiento. El desequilibrio resultante finalmente tiene que ser solucionado, a través del correspondiente ajuste o liberación del precio.

-Supongo que el análisis difiere según las formas de mercado.

-Claramente que un monopolista, como un monopsonista, no se comportan como los competidores. Pero no porque el análisis sea diferente, sino porque los primeros pueden ejercer un poder de mercado que los segundos no pueden. Por eso califico a los competidores como monopolistas o monopsonistas frustrados.

-Esto me lleva a una cuestión ulterior. Porque observo que los libros de texto de microeconomía primero explican la competencia perfecta, y luego el monopolio.

-Prefiero comenzar explicando cómo opera un monopolista y qué tiene que hacer para mantener en el tiempo su poder monopólico. Cuando no lo consigue, operará como oligopolista (forma de mercado que caracteriza a pocos oferentes y muchos demandantes) y si tampoco lo logra, no tendrá más remedio que competir.

-Lo que usted está diciendo es que la competencia no se elige, sino que en todo caso se sufre.

-Efectivamente. Y si no hay que comenzar por analizar el caso de competencia, mucho menos hay que comenzar por el de la competencia perfecta, que es un caso límite que nunca se observa en la práctica. Nunca entendí por qué se le presta atención a lo que no existe, en vez de focalizar las energías en analizar lo que sí existe y causa problemas.

-Don Alfredo, muchas gracias.

Fuente: La Nación